Carmona desde “la distancia” augura a Chávez derrota “contundente y humillante”

DANIEL TRUJILLO

Luego de varios años sin saber de sus acciones y movimientos, el breve expresidente de Venezuela, Pedro Carmona Estanga, ha roto el silencio que le impuso la justicia colombiana, en torno a opinar del debate político en su país y mediante un artículo de prensa, desde la distancia, ha enviado varias recomendaciones al Presidente Chávez, entre ellas, dejar de gobernar en forma tan autoritaria, pues tiene cercadas las garantías ciudadanas de los venezolanos y secuestrado el Estado de Derecho; pero peor aún, suspendida y sin vigencia la Constitución Nacional, lo que a su juicio, producirá su derrota contundente en las próximas elecciones de octubre. 

Una derrota contundente
Aunque sus días de líder de la cúpula de empresarios en Venezuela quedaron atrás, sustituidas ahora por unas horas de clases en una universidad de Bogotá, Pedro Carmona Estanga, no sólo se atrevió a escribir un artículo donde ofrece recomendaciones a la oposición, sino que pronostica tal como si se tratara de un Nostradamus tropical,  la derrota contunde que sufrirá el mandatario Hugo Chávez en las elecciones de octubre, bajo el argumento de que el pueblo está consiente de las falsas promesas del Comandante y “votará contra la dictadura y en rescate de la democracia y las libertades”. Sin embargo, alertó al candidato de la oposición que gane las primarias del 12 de febrero próximo, a tomar las previsiones, en virtud que enfrentará a “un todopoderoso e inescrupuloso Presidente de la República, quien ya tiene la alforja henchida de recursos públicos para soltar a la calle miles de millones con un sólo objetivo: asegurar a costa de lo que cueste, sin importar si hipoteca al país con préstamos de China y Rusia, un triunfo en las elecciones del 7 de octubre. Carmona, comentaría la alianza López-Capriles, como un hecho “común de las democracias”, pero advertiría a la oposición dejar las diatribas que favorecen a Chávez, pues “…luce indispensable un sólido acuerdo entre las organizaciones políticas e independientes con visión democrática, que asegure estabilidad política y el reemplazo de un modelo fracasado como ocurrió en 1959, cuando bajo el recio liderazgo de Rómulo Betancourt, fue necesario preservar a la naciente democracia de los embates de la extrema izquierda pro cubana y de la extrema derecha nostálgica del perezjimenismo”. Aunque a su juicio, está seguro de que Chávez saldrá derrotado por la voluntad del voto popular, envió un mensaje a los factores democráticos del país de “comprometer, no al alto mando militar, que es servil a Chávez, sino a los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas, donde la divida, no ha hecho declinar la ética y la mística castrense a  acatar la voluntad popular y a no reprimir al pueblo, si éste se viera en situación de defender el voto”, con la finalidad de destrabar cualquier intención de “golpe interno a la institucionalidad democrática y al rescate del principio de alterabilidad en el poder como valor sagrado de la democracia venezolana”. Resaltando que la oposición debe medirse sin debilidades o complejos para denunciar el ventajismo con claridad de que no estamos en un proceso electoral normal, sino al margen del Estado de Derecho y con el reto de relevar a un régimen, pero también con reciedumbre para cuidar los votos y la esperanza de los venezolanos conscientes de que octubre es el momento del cambio o de la pérdida por largo tiempo de la institucionalidad democrática y el reforzamiento del modelo comunista, donde los pobres están en la calle y los ricos en el gobierno”. Asegurando que por primera vez en 14 años, el Presidente Chávez sentirá el rechazo del pueblo que le asestará por “embustero” una derrota contundente y humillante.
 
“No me gana nadie”
Aunque el Presidente Chávez no quiso pronunciarse en relación al mensaje epistolar que le envió Carmona, aseguró que quienes vaticinan su derrota, van a tener que buscar otra profesión, pues no sirven para adivinos, ya que están leyendo los “caracoles” al revés, afirmando que a él, en octubre no le gana ninguno de los seis precandidatos de la oposición. "Ninguno (de los seis aspirantes) calza ni los más mínimos requisitos para ser un candidato a la presidencia de la Venezuela de hoy”. Sin embargo, apuntó que en un supuesto negado, de perder, sería "el primero en reconocer…” el triunfo opositor. "Si yo pierdo las elecciones del 7 de octubre, sería el primero en reconocerlo y entregaría el gobierno. Llamaría a mis seguidores civiles, militares, desde los más moderados hasta los más radicales a obedecer el mandato de un pueblo". Ratificaba nuevamente el comandante Chávez. Para acto seguido, enervar tal posibilidad con el siguiente argumento: "Nosotros vamos a ganar las elecciones, estoy seguro, por amplio margen. Y cualquier intento de desestabilización va a fracasar", añadió el mandatario aludiendo a la oposición, a la que suele acusar de "desestabilizadora". Chávez también ratificaría que estas serán las elecciones donde obtendrá más votos y la reafirmación popular de su “socialismo del XXI”. Para finalizar, aseveró que está muy bien de salud y que muchos lo han “subestimado, como lo empiezan a subestimar con aires y pronósticos triunfalistas que ahora hasta vienen desde el extranjero, que se sigan engañando…” sentenció el mandatario. Lo paradójico de ambas declaraciones, es que a ambos hombres, los unen caminos políticos similares y la historia política venezolana los ha juzgado como “asaltantes del poder por un acto de fuerza”, otros más osados los tildan a ambos de tiranos y dictadores. Uno por desconocer y suprimir a todos los Poderes Públicos en forma pública, notoria y comunicacional; y otro por controlarlos a través de las sombras, moviéndolos a su antojo con los hilos maquiavélicos del poder. El 7 de octubre veremos quién tuvo una mejor clarividencia…

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