
Hernán Núñez en el momento de dirigirse a la gran concentración que llenó el Colegio de Abogados. FOTO/ MARTÍN CORONADO
Me toca hablar en este momento desde una posición inédita en mi vida, pero ello, no es lo más difícil y complejo del compromiso que asumo y las circunstancias en que ello se va a dar.
Todo lo que esto encierra, implica un inmenso reto para aquellos que hoy debemos asumir el principio, sólo el principio de una lucha hacia el liderazgo del poder, para convertirlo o transformarlo en felicidad para nuestro Estado.
Los sucrenses hemos venido soportando una vieja angustia de no terminar de construir un territorio con posibilidades de generar riqueza, paz y amor para nuestra gente.
Hoy comenzamos la tarea de reclutar vocaciones, combatientes, mentes inteligentes, que nos ayuden a alcanzar los objetivos que nos llevarán a gobernar al Estado, pero no será gobernar por gobernar, mucho menos hablar por hablar, decir mentiras, engañar a la gente, hacer demagogia o populismo. Este pueblo no resiste ni una pizca de esos adornos con los cuales hace gala quienes nos dirigen, eso tiene que acabarse ya, desde este instante en el cual asumo la responsabilidad de ganar la Gobernación y sustituir a quienes lo han hecho muy mal, irresponsablemente mal.
Porque no es que no hayan hecho obras significativas para el pueblo, sino que han destruido y enterrado las esperanzas de un pueblo.
Yo vengo con toda mi voluntad a entregarme al trabajo de construir una propuesta de gobierno desinteresada en los corrales del proselitismo inútil, vengo a entregar parte de mi existencia a mis hermanos de esta tierra.
Tengo como obligación imperativa no fallarles, denme la mano que no va a quedar en el vacío, sino que va a servir para impulsar el desarrollo de la tierra del Gran Mariscal de Ayacucho.
¡Dios bendiga al estado Sucre!

