El impacto de las elecciones primarias

EDUARDO MORALES GIL

Tal como lo había programado la Comisión Electoral de Primarias de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), de común acuerdo con el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Plan República, se celebraron el pasado domingo 12 de febrero las elecciones primarias abiertas para la escogencia del abanderado presidencial de las fuerzas democráticas del país, así como los candidatos a las gobernaciones de Estado y las distintas alcaldías distribuidas en todo el territorio nacional.
 Según los reportes difundidos por los diversos medios de comunicación social que operan en todas las entidades de la geografía nacional, desde tempranas horas de la mañana, tan pronto se abrieron los centros electorales, una multitud de ciudadanos llenos de extraordinario fervor democrático y patriótico, acudió a las miles de mesas electorales esparcidas en todo el país para depositar su sufragio y demostrar de esta manera su esperanza en la recuperación de la democracia en nuestra patria. En Cumaná fui testigo presencial de ese fervor, pues en la escuela básica “Rómulo Gallegos”, donde me correspondió votar, tuve que hacer una cola de más de una hora para poder cumplir con mi deber cívico.
 Esa ejemplar conducta cívica, en la cual se manifestaron más de tres millones de venezolanos, que representan el 16% del padrón electoral nacional, marca un record en la participación de este tipo de comicios a nivel mundial. En efecto, en naciones con larga tradición en la realización de este tipo de consulta popular, como los Estados Unidos y Francia, entre otras, el porcentaje histórico de participación no supera el 10%.
 Es imperativo destacar que tan alta participación se concretó debido a las garantías que dio la Comisión Electoral respecto al secreto del voto, con su decisión, pautada en el reglamento electoral, de incinerar los cuadernos electorales a las 48 horas de celebrados los comicios, para evitar que el gobierno pudiera elaborar otra nómina semejante a la infame “lista Tascón”, destinada a discriminar y perseguir a los ciudadanos, particularmente a los empleados públicos y a quienes tienen alguna relación con la Administración Pública. Sin embargo, todavía muchos miles, como me lo confiaron algunos a mi, se abstuvieron de sufragar ahora alegando que en este país no hay estado de derecho que los ampare en caso de una arbitrariedad gubernamental y, por tanto, decidieron esperar para votar en octubre.
 Fue tal el impacto de las elecciones primarias que el gobierno, en una desesperada maniobra, utilizando un sospechoso recurso de un señor de Yaracuy ante el TSJ, trata de manchar el proceso y de ponerle la mano a los cuadernos electorales para identificar a los ciudadanos que votaron.

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