MARCELO RIVAS SÁNCHEZ
Todos somos tentados. Nadie se escapa. Hasta el propio Jesús fue tentado. Pero veamos la diferencia. Recordemos que Jesús despachó, corrió de inmediato al demonio. No entró en un diálogo con el enemigo, sino que le respondió con decisión y convencimiento. Mientras que Eva muy cordial y hasta conversó con el demonio.
Aprendamos de entrada con el diablo no se habla. Mucho menos se conversa. Al hacerlo nos exponemos. Una cosa es ser tentado y otra caer en la tentación. Entonces lo que es malo no se discute. Es malo y punto y de ahí para allá “caca” No olvidemos que el demonio ofrece la felicidad oculta detrás del pecado, insinuando además que nada malo nos sucederá. Y algo sumamente peligroso. Repite y repite que Dios es misericordioso y nos perdona siempre.
Después de un gusto un susto. Ahí está la desgracia que produce la tentación. Es como una especie de desilusión, de desencanto. Después de todo nada queda y todo lo que prometió el enemigo se desvanece. Lo que llamamos remordimiento. Interesante lo de Eva que peca ella y hace pecar a Adán.
Ahora observemos. ¿Cómo luchar contra las tentaciones?
Ya lo dijimos al principio ante la tentación no hay diálogo, hay que decir no y punto. Pero para adquirir esa fuera y decisión hay que orar mucho. “Vigilen y oren para no caer en tentación” (Mt. 26, 41) Y ante esto dice San Alfonso María de Ligorio “El que ora se salva y el que no ora se condena” Esta pelea de todos los días es posible gracias a la oración, sin ella estamos derrotados (Catecismo Nro. 2.849)
Dios quiere que no caigamos. Que nos mantengamos despiertos. Recuerden cuando encontró a los discípulos dormidos y les dijo. Oren pues la carne es débil. Además, si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Rom. 8, 31)
Ahora, después de la tentación ¿qué? Recordemos que nadie será tentado por encima de sus fueras. Esto quiere decir que todos tendremos la fuerza de decirle no a cada tentación. Pero al caer el Señor instituyó el Sacramento de la Confesión (Juan.20, 23) Es un Sacramento instituido por Cristo después de resucitar. Les dio a los apóstoles el poder de "perdo¬nar los pecados o no perdonarlos", un "poder" que antes tenía sólo Dios (Mr.2:7). Si en su iglesia no hay per¬sonas con este "poder" de perdonar pecados, es que es una iglesia "sin poder", no es la única Iglesia de Cristo. Hay un remedio y ese remedio es un regalo de Dios para nosotros.
Hay tentaciones de tentaciones. Por ejemplo la crítica, la envidia, el egoísmo… son muy fuertes y llamativas. ¿Con qué tentación cae usted? Todos tenemos un talón de Aquiles. Al comenzar la Cuaresma. Tiempo de conversión sería bueno y saludable atacar esas verdades que nos hacen caer. Cuaresma es un tiempo para fortalecer nuestros puntos débiles. Tiempo de examinar nuestra vida. Tiempo de escuchar e imitar a Jesús.
La Cuaresma que nos llevará a la Semana Santa nos indica la mejor forma de llegar y así poder recibir al Señor que quiere abrazarnos en el perdón y la paz. Sin olvidar que el enemigo no está afuera, sino dentro de nosotros. Pero en esta lucha no estamos solos "Los ángeles me sirven como a Jesús. El Espíritu es también mi guía, mi fuerza y mi vínculo de unión con Dios Padre. No estamos solos. Dios está con cada uno, en su hijo amado.
Por lo tanto, dejémonos vacunar de Cuaresma, de conversión. Esa vacuna tiene unos buenos elementos que en cuarenta días nos ayudarán: oración, ayuno y limosna.
Las tentaciones sirven para que los seres humanos tengamos la posibilidad de optar libremente por Dios o por el Demonio.
Usted decide…
Mrivassnchez@gmail.cm
@padrerivas

