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Filosofía y constitucionalismo

JULIO CÉSAR PINEDA

El pasado fin de semana en el Café Filosófico de Caracas, el tema para la conversación que mensualmente realizamos en el centro Richmond de Las Mercedes, fue “Sócrates y la Democracia”. El psicólogo y filósofo Jon Aizpúrua presentó el tema con las participaciones especiales de Claudio Nazoa y Vladimir Villegas; fue motivo para que los participantes dentro del marco filosófico programado se refirieran al momento constitucional venezolano, donde el gobierno se propone convocar la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) y aprobar una nueva Constitución al margen de la propia realidad del constitucionalismo mundial, latinoamericano y nacional.

La Constitución venezolana de 1999, es la primera en nuestro país producto del consenso y de los parámetros constitucionales y nacionales; todas las otras constituyentes y constituciones venezolanas fueron producto de revoluciones, montoneras y caudillos que quisieron no solo dejar su huella para la historia, sino instrumentalizar la Carta Magna de la nación para los beneficios personales o de su partido político. El presidente Chávez tuvo la prudencia, de las necesarias convocatorias con la participación directa del soberano, tanto para la iniciativa y concreción de la voluntad popular por vía de referéndum para la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente, como para la aprobación de la propia Constitución elaborada por los constituyentitas elegidos de manera directa y universal, así como todas las democracias lo hacen. Igualmente, fue definido oportunamente el régimen fundamental en las preguntas y en las bases comiciales para el referéndum del 25 de abril de 1999, como las cuales tenían la naturaleza supra constitucional y que obligaban a la ANC a respetarlas y seguirlas. Esa ANC no estuvo sujeta a los poderes constituidos y sí a la soberanía del pueblo como poder constituyente. Imposible que una ANC pueda sustituir al pueblo y considerarse soberana o titular de soberanía. El pueblo votó por las bases y los principios que sirvieron de referencia para la Constituyente, pero también el periodo limitado de la misma, que fue en este caso 6 meses.

En París en 1991 con Hermann Escarrá, conversamos con el padre de la Constitución francesa de 1958 el profesor Guy Carcassone, él nos hacia algunas observaciones sobre el tema constitucional como por ejemplo, la conveniencia de la existencia del Senado, pero afirmaba que se había seguido el mismo procedimiento de su Constitución y de otras como la española de 1978. Nos decía que toda constitución proclama una serie de principios y valores que deben ser respetados por los poderes públicos de carácter moral y axiológico, porque en definitiva toda constitución responde a la tridimensionalidad del derecho: fenomenológica, normativa y axiológica. Una constitución no puede ser la expresión de un programa político porque es producto del pluralismo social y jurídico de la sociedad. El Poder Constituyente, para generar el documento fundamental de la nación, tiene que ser heterogéneo y plural para que la Constitución pueda expresar los acuerdos de las fuerzas sociales y políticas con un amplio consenso para legitimar la división de poderes, las libertades de las personas y el imperio de la ley. El texto constitucional busca limitar el ejercicio del poder, así fue en Grecia y especialmente con el constitucionalismo europeo de los siglos XVIII y XIX. Por eso en el Art. 16 de la Declaración de los Derechos del Ciudadano de 1789 establece que  “Toda sociedad en la cual no esté establecida la garantía de los derechos, ni determinada la separación de los poderes, carece de constitución”. En las mejores democracias, la constitución  busca prolongarse en el tiempo con procedimientos rigurosos para posibles reformas que puedan ser necesarias, pero siempre dentro de un gran entendimiento nacional en todos los factores internacional; el presidente Chávez afirmaba en su discurso de la instalación de la Asamblea Constituyente: “Se trata de una Carta Fundamental para que permanezca flexible y adecuándose a los tiempos que vienen, pero que permanezcan en esencia durante siglos, no durante años ni durante décadas”.

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