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DIME, CASTILLO: Las dos caras del periodismo

Jesús Alberto Castillo

Una de las cosas que aprendí de mis profesores en la UCV es que para ser un buen periodista no bastan las ganas, también hay que poseer determinadas competencias. Es pertinente que así sea porque a simple vista el periodismo suele verse como una moda, un escenario destinado para las “caras lindas”, el espectáculo y la farándula. Es la percepción que recorre muchas mentes de jóvenes que sueñan con aparecer frente a las cámaras para proyectar su conservada imagen o, quizás, establecer un mundo de relaciones públicas. No negamos que tales elementos estén desvinculados de esa actividad, pero el periodismo traspasa la barrera de lo superfluo para convertirse en un atractivo campo impregnado de arte y ciencia. Esas son sus dos caras que deben ser tomadas en cuenta por todo aquel que se apasiona por dicha profesión.

Como arte, el periodismo depende del talento humano, de las virtudes y creatividad del individuo. De esa capacidad intuitiva u “olfato” que no están en ningún libro y permiten desentrañar la noticia por muy oculta que parezca. Por eso muchos colegas son buen en primicia, cuidan su fuente para no distorsionar el hecho noticioso. Es algo innato que desarrollan en esa ardua y difícil tarea de informar a la colectividad. El arte es propio de los seres humanos y no se aprende en la academia, solo descansa en la genialidad humana. Pero sin una buena técnica, producto del estudio sistemático, no es posible que ese talento se perfeccione y pueda trascender en el espacio y tiempo. Es aquí donde entra en juego la ciencia, es decir, el abordaje metódico de la realidad noticiosa y que permite una plataforma cognoscitiva de los problemas cotidianos, los cuales deben presentarse sistemáticamente y con ética al gran público televidente o lector.

Por eso observamos el gran desarrollo que ha experimentado el periodismo como carrera universitaria. Las universidades han incorporado en el pensum de Comunicación Social, asignaturas muy variadas, pero interdisciplinarias,  para garantizar la formación holística del estudiante y puedan desempeñar con decoro su profesión. Así podemos ver Taller de Redacción, Lenguaje y Comunicación Visual, Metodología de la Investigación, Psicología de la Comunicación, Pensamiento Filosófico, Historia de la Comunicación, Criminalística, Estadística, Informática, Radio, Prensa, Televisión, Publicidad, Mercadotecnia, Economía, Cine, Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación, Geografía Económica, Información Municipal, Ética y Legislación, Artes Gráficas; Inglés, Francés, Italiano, Fotografía, Locución, Política Internacional, Problemas Sociales Contemporáneos, Información Cultural, Desarrollo Sustentable, Relaciones Públicas, Comunicación Corporativa, Información Petrolera, entre otras.

En lo particular, nos ha tocado dar clase a estudiantes que sienten pasión por las cámaras televisivas, pero no les gusta leer, mucho menos escribir una cuartilla para interpretar una determinada realidad. Eso es un problema muy agudo que debe solventarse. El estudiante de periodismo debe tener capacidad lectora, desarrollar el análisis crítico y reflexivo, así como manejar la redacción a la hora de presentar su producto comunicacional al público. Tal desafío implica ser un buen investigador, es decir, capacidad intelectual para hurgar cada detalle del hecho comunicacional, aplicar metódicamente su aprendizaje y presentar coherentemente sus resultados. El periodismo va más allá de la farándula, es un entramado de arte y ciencia. Se desarrolla y perfecciona por la brillantez y destreza del sujeto, así como la naturaleza conceptual e investigativa que encierra cada uno de sus hechos informativos.

Esa conjunción de arte y ciencia es lo que hace versátil al periodismo. Para que éste tenga relevancia social debe ser responsable, es decir, desnudar los hechos tal como son y no plegarse a las pretensiones del poder político y económico. Debe reflejar las distintas aristas de la realidad para que los ciudadanos se crean juicios de valores sobre su alrededor. No debe jugar a la fabula, ni al mesianismo; mucho menos a intereses crematísticos. Finalmente, un buen periodista lucha por la verdad y la democracia. Desde esta perspectiva, es un sujeto político, no partidista. Ha de luchar por las libertades públicas y dar su vida, si es necesario, para que prive el imperio de la ley y la justicia.

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