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¿Hasta dónde llegará esta locura…?

Estudios recientes aseguran que el estado natural del hombre es la violencia, y no la paz, pues cuando las civilizaciones han disfrutado de periodos de no violencia por largos periodos de tiempo, buscan motivos para entrar en guerra con sus vecinos, con otras naciones más lejanas, inventando enemigos y afrentas. Pero si no pueden construir la guerra a lo externo, la hostilidad se gesta dentro del propio pueblo, lo que en teoría política moderna se denomina guerra civil. Pero, ¿Es la guerra el estado natural de los seres humanos? La investigación antropológica encontraría respuestas en las remotas eras del periodo cuaternario, cuando apareció la primera figura humana sobre la faz de la tierra y llega hasta nuestros días, en aquel entonces el primer “homus” debió convivir con animales feroces y corpulentos como el mamut, el mastodonte y el tigre de dientes afilados, pero la naturaleza lo dotó de un aspecto semejante a los simios, así lo demuestran las mandíbulas y otros restos encontrados por diferentes partes del mundo, y de un cerebro precario que le impedía discernir entre lo bueno y lo malo, por ello, vivía en constante combate para determinar su supremacía con el hostil ambiente que lo rodeaba, pero también para comer, para encontrar refugio; sin embargo, la violencia llega a tal extremo que el hombre de las cavernas, mataba a sus congéneres sin ningún remordimiento, pues no había regla moral, ni jurídica que se lo impidiera, sino las propias leyes de la supervivencia del más apto.

Así en ese estado de violencia diaria, se comenzó a desarrollar la humanidad. Pero hace aproximadamente unos 30 mil años, apareció otro modelo de hombre sobre la tierra, el Homo Sapiens (hombre sabio), que a pesar de conservar la ferocidad de sus antepasados, comenzó a entender por tener un cerebro más desarrollado, que debía cocinar sus alimentos para diferenciarse de los animales, que podía domesticar a las bestias para transformar su entono, que podía cultivar su comida, y que por sobre todas las cosas, entendió, que podían vivir con sus semejantes en un mismo territorio, siempre y cuando cada uno de sus congéneres no invadiera la esfera de sus posesiones y derechos, haciendo nacer una virtud entre la raza humana: la razón, que nos diferenció para siempre de los demás animales, y el respeto ajeno, vale decir, el reconocimiento de otro ser igual a nosotros con los mismos derechos y las mismas obligaciones, conducta que hoy conocemos en la psicología moderna como otredad. Pero los hombres sabios, inventores de la rueda y alquimistas de los metales, que les sucedieron comenzaron a hacer de la violencia su estilo de vida, ya no para procurarse alimentos, sino para defender territorios, o para conquistar el ajeno, para expandir sus dominios y sus fuerzas, apareciendo en la historia de la humanidad la primera noción de poder político, y la guerra como medio de conservarlo, mantenerlo y perpetuarlo. Por ello, los investigadores aseveran sin titubeo que luego de la aparición del Pitecántropos Erectus, el homo sapiens, adquirió un gen que acompaña a nuestro ADN, el de ser un animal guerrero, violento y despiadado que mata por defender una causa aunque siempre no le acompañe la razón.

Hoy en Venezuela, pareciera que este tipo de manifestaciones cerebrales se han apoderado de un país más dividido que nunca, y dando un salto cuántico, pero hacia atrás, nos hemos obstinamos en  fomentar una cultura de violencia y la muerte que peligrosamente se asimila como normal, creando una sociedad indolente e inhumana. No puede justificarse la violencia venga de donde venga, la historia humana está llena de hechos que la desaconsejan, pues nunca han dejado nada bueno, el hombre conocedor de su lado pérfido ha establecido normas para la convivencia pacífica y esas deben ser respetadas por todo el grupo social, para precisamente no volver a vivir en forma incivilizada como lo hacían nuestros antepasados donde imperaba la ley del más fuerte. Ghandi fue el mejor ejemplo de protesta pacífica que ha visto la raza humana, con su tesis de la No Violencia, con un excelente predominio de su cerebro racional, ejemplo del hombre pacífico y moderno, que lucha sin dañar a los demás, pero sin bajar la guardia por sus ideales, por ello, afirmó que “la violencia es el miedo a los ideales de los demás”. Pero también dejó sentado, que si nos empeñamos en pagar a nuestros semejantes, con el “ojo por ojo”, “todo el mundo acabará ciego”, un claro recordatorio de que la venganza, la retaliación y los odios, deben quedar en la época de las cavernas, en el más ominoso de los pasados humanos. En Venezuela, ya llegó la hora de detener esta locura…

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