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Ingobernabilidad y descontento generalizado

FÉLIX CORDERO PERAZA

Se agrava la situación económica de la familia venezolana. Y el gobierno, que es el primer responsable, hace caso omiso de la tragedia por la cual atraviesa la población. Enfrascado en una lucha política que no es la prioridad de la ciudadanía. Su prioridad nada tiene que ver con la Constituyente. Entre sus cuatro necesidades principales se encuentran los problemas de escasez de alimentos y medicinas, la espiral inflacionaria, los bajos ingresos familiares y la inseguridad de bienes y personas. Alrededor de esos problemas pasa la vida de angustia y desasosiego el venezolano común. Ellos son su karma y su infortunio. Más del 80% de la población piensa que el causante de este calvario no es otro que el gobierno. Incluso, se pudiera decir a ojos de buen cubero que un tercio de los chavistas piensan igual. Son tan víctimas como cualquier otro. Sienten y padecen igual. En fin, el drama nacional de crisis y miseria ha colocado a los habitantes de este país en una encrucijada, donde la lucha por la alimentación  y la salud les ha retrotraído a etapas que se creían superadas. ¡Sobrevivir es el reto en la hora actual! A eso hemos llegado…

Un gobierno improvisado

Vivimos momentos terribles de ingobernabilidad. ¿Qué puedo decir que ya no sepan? Me arriesgaré a resultar monótono. Los servicios públicos son un desastre y la capacidad de repuesta de quienes gobiernan, a las demandas de los ciudadanos, es mediocre, cargada de ineficiencia, ineficacia y corrupción. Esta es una perogrullada, pero hay que decirla repetidamente porque este es el principal problema de los actuales gobernantes. Su incapacidad para resolver los problemas sociales y económicos y su desconocimiento de las soluciones y propuestas.  Todo es tan mal ejecutado que en las mismas viviendas construidas y asignadas hay un descontento generalizado. Lo que pudiera ser un gran bastión del gobierno, a todas luces no lo es… Con razón, porque la vivienda es un derecho constitucional y no debe ser una prebenda para el proselitismo político. Un país gobernado de forma improvisada. Sobre el fracaso de planes y programas se montan otros cada día que corren la misma suerte de la ejecución desordenada, atropellada y asistemática.

Pobreza y caos

Una administración pública altamente burocratizada. Obedece primeramente a las líneas y actividades partidistas antes que a las funciones y deberes en su condición de servidores públicos. El trato con los ciudadanos es déspota, inhumano e irrespetuoso. Inculto y hasta indignante las más de las veces. Los principales programas y planes sociales son de naturaleza clientelar e inmediatista. Populistas y buscan fortalecer en las poblaciones D y E al gobierno. Desgraciadamente, estos programas han sido tan mal implementados que en los últimos cinco años aumentó la pobreza en lugar de disminuir. Y los montos a invertir, por las deficiencias del fisco y la malversación, han mermado considerablemente, bajando como es lógico el número de beneficiarios. Se calcula que la capacidad de compra en los hogares pobres regresa a la mitad de los niveles que estaban en la década de los 80-90. Un modelo que ha demostrado generar mayor pobreza y mantiene a la población en caos socioeconómico.

Impopularidad vs. Constituyente

El gran problema actual del gobierno es su alto nivel de impopularidad. Alrededor del 80% de los electores quieren cambio del gobierno. ¡No ha gobernado para el país! Gobierna para un grupo de los más necesitados. Así se le ha ido el respaldo popular. Porque han sido tan deficientes en la ejecución de esos programas que siempre dejan descontentos entre los beneficiarios. En ellos, campea la exclusión y el favoritismo. Tanto como la corrupción y el engaño. Las bolsas CLAPs llegan, por ejemplo, hoy y luego tardan semanas sin ser distribuidas. ¡Compran a la gente con dádivas! Es una práctica perversa. Con este grado de impopularidad es poco probable que el electorado respalde mayoritariamente el proyecto de la Constituyente.

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