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Allende: “El falso positivo de una muerte…”

Para los comunistas y la izquierda chilena, la tesis del asesinato del expresidente Salvador Allende el 11 de septiembre de 1972 en el Palacio de la Moneda, fue la base de sustentación para transformar a toda una sociedad en antiimperialista, el caldo de cultivo para relanzar una ofensiva en la segunda mitad del siglo XX luego de la muerte de Augusto Pinochet, para recuperar el poder. Por ello, cada 11 de septiembre, desde Chile, se veneraba al político redentor de los humildes, y se expresaba el profundo rechazo por el imperialismo yanqui, quien con sus lacayos infiltrados en las Fuerzas Armadas le habían quitado la vida, lo habían asesinado sin piedad alguna. Por casi 50 años se mantuvo esa creencia popular, a pesar de que los archivos desclasificados hechos públicos en el gobierno de Bill Clinton, demostraban que a pesar de que Richard Nixon, había apoyado y financiado a la derecha chilena para generar caos y propiciar las condiciones favorables del golpe contra Allende, ninguno de los documentos relataba hecho alguno sobre su muerte, ni se incriminaba a ningún militar estadounidense por los sucesos de esa noche.

En el año 2009, el expresidente George Bush, negó rotundamente que el gobierno de Nixon hubiese matado a Allende, pero sí admitió que la intervención de la CIA y espías norteamericanos actuaron para detener un fuerte movimiento de izquierda que se instauraba en Suramérica influenciado por los logros de Fidel Castro, la revolución cubana y la influencia del socialismo soviético en todo el mundo. Pero esas confesiones, viniendo de un Presidente a quienes muchos calificaron como un “perro de guerra” no detuvieron las especulaciones sobre la teoría de la conspiración y asesinato de Salvador Allende Gossens, quien había sido elegido Presidente por una coalición de partidos de Izquierda, pues éste era militante del partido socialista chileno. En vista de que toda la sociedad chilena pedía se esclareciera el asunto sobre la muerte de Salvador Allende y se determinara judicialmente si el gobierno norteamericano de Richard Nixon le quitó la vida; la Fiscalía chilena en el año 2011, presentó una denuncia para esclarecer 726 casos de eventuales violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura de Augusto Pinochet, que nunca hasta entonces habían sido investigadas, pero también se solicitó la exhumación del cadáver del líder socialista para ser sometido a un exhaustivo peritaje forense que determinó que la trayectoria del disparo en la cabeza, fue producto de “un arma de fuego de alta velocidad a contacto”, lo que en medicina legal puede ser atribuible al suicidio.

Estas conclusiones del año 2011 revelado por la investigación fiscal revolucionaron al país, y dieron un giro inesperado a los hechos, afectando el discurso izquierdista de culpar al imperio yanqui de asesinar de un tiro al expresidente. Pasado el asunto por varios tribunales de instancia, la investigación criminal llegó en el año 2012 hasta la Corte Suprema de Justicia de Chile, quien ordenó nuevos peritajes al cuerpo del expresidente, concluyéndose que en su muerte no hubo intervención de terceras personas y que para el momento de su deceso el exmandatario se encontraba solo en uno de los salones del Palacio de La Moneda. Ya es cosa juzgada por parte de la Corte Suprema de Chile que Salvador Allende no fue asesinado por el imperio norteamericano, sino que con un fusil del Ejército nacional se quitó la vida dándose un disparo en la tráquea, presuntamente para no caer en las manos enemigas y ser exhibido como trofeo de guerra. El fallo publicado en el año 2013 concluye con lo siguiente: “…Mientras La Moneda ardía tras ser bombardeada por la Fuerza Aérea el 11 de septiembre de 1973, Allende se dirigió al Salón Independencia, situado en el segundo piso, y cerró la puerta. Una vez en su interior, se sienta en un sofá, coloca el fusil que portaba entre sus piernas y apoyándolo en su mentón, lo acciona, falleciendo en forma instantánea producto del disparo recibido”. Un fallo que derrumba el mito del asesinato del líder socialista ordenado por Richard Nixon, la CIA y el Pentágono Norteamericano, pero que también derrumba muchas mentiras que la izquierda ortodoxa latinoamericana aprendida de la escuela cubana, ha sembrado en la mente del pueblo para confundirlo y hacerles creer que todos los males de los latinoamericanos vienen del imperio. Unas venas abiertas que muchas veces siguen lacerando a un pueblo ciego, que aún pasando necesidades y hambre pone su esperanza en un modelo caduco que paradójicamente los ha hundido más en la miseria, que el capitalismo que tanto dicen combatir. Bien lo decía Bolívar: “Un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.

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