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EL DEBER SER: El país y la universidad

Por: Anselmo J. Millán M.

anselmomillan@hotmail.com

Los temas que se pueden discutir en relación con la universidad, entendiéndola como una institución fundamental de un país y de un Estado democrático, no son pocos. En esta oportunidad abordamos el papel de la universidad venezolana en el marco del conflicto político que sufre todo el país. La universidad es epicentro del conocimiento, para el progreso y desarrollo de un país. La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela en el capítulo de los derechos culturales y educativos y la Ley de Universidades en sus disposiciones fundamentales, establecen el deber ser de la universidad venezolana. La universidad tiene una función rectora en la educación, la cultura y la ciencia. La educación universitaria debe estar inspirada en el espíritu de la democracia y en los principios fundamentales de libertad, justicia e igualdad, y estará abierta a todas las corrientes de pensamiento universal. La universidad debe ser regida bajo el principio de la autonomía universitaria, entendida como la facultad que tiene la universidad de tener sus propias normas de gobierno, funcionamiento y administración de su patrimonio, así como también para elaborar y actualizar los planes de estudio, investigación y extensión. El recinto universitario es inviolable.

Ciertamente, la misión y visión de la universidad debe obedecer, en parte, a una política pública de educación universitaria que esté vinculada a un proyecto o visión de país, a un plan de desarrollo que haya sido consensuado por todos los sectores del país. La cuestión es: ¿cuál es la visión de país que queremos?, ¿cuál es el modelo o plan de desarrollo que el país requiere?: ¿el socialismo?, ¿el comunismo?, ¿el modelo de dominación?, ¿el militarismo?, ¿el modelo cubano?, ¿el modelo anticapitalista y anti imperialista?, ¿el “país potencia”?, ¿el plan de la patria?, ¿o, ya cansados de tanta retórica, simplemente,  queremos un “país normal” o un país posible? Si los venezolanos no nos ponemos de acuerdo en el país que queremos (aquí radica el conflicto, destacando que una minoría, apalancada desde el ejercicio autoritario del poder y con el monopolio de las armas, pretende perpetuarse e imponer una visión de país a la mayoría de los venezolanos), no podemos hablar de una política pública en materia de educación universitaria y mucho menos de cuál debe ser la misión y visión de la universidad venezolana para los años por venir.

La universidad venezolana ha sido el lugar por excelencia de debate político. Además de sus funciones de formación profesional, investigación y extensión, la universidad es una especie de producción política, donde deben estar presentes todas las corrientes del pensamiento universal, en razón de su autonomía y libertad de discusión. En ella se han formado fundadores y líderes de partidos políticos de distintas tendencias. La convivencia e interacción de los principales actores sociales dentro de una universidad, estudiantes y profesores, implica la existencia de una diversidad de ideales e ideologías. Muchos de los políticos venezolanos se iniciaron en el ejercicio de la política dentro de la universidad. Muchos de los que han formado parte de la cúpula gobernante y defendieron en su momento la democracia y la autonomía universitaria, ahora han atentado contra ellas descaradamente. Vaya paradoja.

En toda su historia, la universidad venezolana ha sobrevivido a amenazas, atropellos y cierres por parte de distintos gobiernos. Las formas que los gobiernos han utilizado para intentar apagar la luz que produce la universidad son las mismas: represión a la protesta estudiantil, persecución y encarcelamiento de estudiantes y profesores, ahogamiento financiero. A pesar de todo ello, la universidad siempre ha vencido a las sombras, al oscurantismo. En un país democrático, la universidad es una institución enfrentada a las arbitrariedades que pretendan los gobiernos de turno. La universidad autónoma ha significado una piedra de tranca a las pretensiones del actual gobierno, con una continuidad de 18 años, de imponerle una manera de ser, cónsona a su “modelo de desarrollo” (una universidad de pensamiento único, sumisa, “rodilla en tierra”). Es un hecho innegable que con la aplicación, en diversas formas, de la máxima “divide y vencerás” (lo cual le ha reportado buenos dividendos al actual gobierno, en todos los ámbitos de la vida nacional), la actual clase gobernante ha demostrado su antipatía a la universidad venezolana autónoma, e independiente de los caprichos de algún gobernante. Así, por ejemplo, el actual gobierno, ha creado en ese continuum de 18 años un conjunto de nuevas universidades solo para mostrar estadísticas de egresados de una forma masiva, sin importar la calidad, si son las carreras que el país requiere, si son los planes de estudio adecuados, entre otros parámetros que deben ser considerados en la planificación de la educación universitaria. Para muchos miembros de la comunidad universitaria nacional, durante estos últimos 18 años de gobierno la universidad ha sido objeto de múltiples amenazas y violaciones a la autonomía universitaria, que sobrepasan los atropellos vividos en gobiernos anteriores. Recordemos la pretensión de aprobar una Ley de Educación Universitaria.

La autonomía universitaria depende de la salud de la institucionalidad democrática. La universidad se hace vulnerable cuando no hay democracia, cuando gobiernos autoritarios quiebran la división de poderes. Verbigracia, la convocatoria a una llamada Asamblea Nacional Constituyente significa un atentado a la democracia y, en consecuencia, a la universidad. De manera que la universidad tiene que ser, como en efecto lo es, uno de los actores colectivos en el escenario del actual conflicto político. Y como históricamente ha ocurrido, porque son la razón de ser de la universidad, son los jóvenes estudiantes quienes asumen el rol protagónico en las luchas contra todo aquello que atente contra los principios fundamentales que deben regir a una universidad en un país democrático. A riesgo de perder la vida enfrentando el poder de las balas de los cuerpos de seguridad del Estado y, en estos tiempos, de los llamados colectivos. Para sobrevivir, la universidad debe defender y fortalecer las instituciones democráticas que las protege. Una vez que se rescate el camino de la democracia y nos enrumbemos a volver a ser un “país normal” podremos discutir los grandes temas respecto a la universidad venezolana en el marco de un país posible.

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