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Bolívar en Angostura

REINALDO ROJAS

Se cumplió el pasado 11 de abril el Bicentenario de la Batalla de San Félix, acontecimiento militar que junto a la Batalla de El Juncal, de 1816, permitió la ocupación de la Provincia de Guayana y, con ello, el restablecimiento definitivo de la República con el Congreso de 1819. En ese año de 1817, además de la victoria citada, hay que agregar el triunfo de Páez en Mucuritas, mientras del lado realista Margarita es ocupada por el ejército español bajo las órdenes del general Pablo Morillo. El teatro de la guerra estaba dividido a favor de España que mantenía casi toda la Provincia de Caracas bajo su control. Guayana era, pues, una esperanza.

Del lado político, las fuerzas republicanas pugnaban aún por lograr un mando único. El “Congresillo” reunido en Cariaco el 8 de mayo de 1817, era fiel reflejo del conflicto existente entre los generales orientales, encabezados por Mariño, Bermúdez y Arismendi, y Bolívar, conflicto al que debemos agregar el juicio y posterior fusilamiento del general Piar el 16 de octubre de ese mismo año.

Sin embargo, todos esos acontecimientos forman parte de un mismo proceso histórico, donde están presentes: el conflicto por una dirección única entre los republicanos, el peligro de la reconquista española y el control de la Provincia de Guayana por su importancia estratégica en el desenlace del conflicto. No podemos estudiar cada fenómeno aisladamente. ¿Qué es lo que estaba en juego en aquel momento?

Jurídica y políticamente

La República ya había sido creada jurídica y políticamente en el Congreso constituyente de 1811. Pero en la práctica no existía el Estado venezolano, pues sus promotores habían sido derrotados en 1812 y en 1814, favoreciendo con ella la restauración del dominio monárquico sobre Venezuela. Frente a esa realidad, los triunfos militares alcanzados entre 1816 y 1817 en Apure, Barcelona y Guayana irán cambiando ese panorama. Pero había que unir las fuerzas en un solo mando, ya que todos luchaban contra un enemigo común, pero con desconfianza y pugnacidad entre ellas.

En 1817 Bolívar, el más destacado de los generales republicanos, no había logrado aún el reconocimiento de todos los grupos que luchaban contra España. Por eso, cuando se inauguran las sesiones del Congreso Constituyente de Angostura, en febrero de 1819, muchos habían sido los obstáculos superados. Ahora venían otros, que son los que el propio Libertador, ahora como hombre de pensamiento, adelanta en su Discurso ante aquel Congreso y que tienen que ver con la tarea de hacer de Venezuela un Estado republicano estable y verdadero.

Si en 1815, Bolívar busca en Jamaica el apoyo inglés para inclinar la balanza a favor del bando republicano, en Angostura el problema que le preocupa es crear un Estado, con sus instituciones de gobierno, reestableciendo el ordenamiento jurídico a través de la convocatoria a un congreso constituyente. Apenas desembarca en Margarita procedente de Haití, el 8 de mayo de 1816, afirma: “Como los pueblos independientes me han hecho el honor de encargarme de la autoridad suprema, yo os autorizo para que nombréis vuestros diputados en Congreso, sin otra convocación que la presente…”.

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