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Dime, Castillo: La política, el arte de la negociación

Jesús Alberto Castillo

Es cierto que los venezolanos ya no aguantamos la grav3e situación económica impuesta por el gobierno actual. También es verdad que apostamos por un cambio significativo de gobierno para enrumbar nuevas propuestas que permitan mejor calidad de vida.  Todo eso es comprensible en una población que se ha empobrecido terriblemente en las dos últimas décadas y que no ve futuro alentador. Pero una cosa es el deseo de la gente y otra es la política real. No es nuestro propósito resultar antipático, sólo nos anima el compromiso de desnudar el contexto político que vive el país en los actuales momentos.

Al juzgar por los hechos tenemos un país polarizado. Un gobierno que intenta eternizarse en el poder, aunque no cuenta con respaldo popular. Sólo se sustenta en la bota militar y en un Tribunal Supremo de Justicia conformado por activistas partidistas. Por otro lado, una posición que pide a gritos la salida adelantada del gobierno, pero que con sus errores estratégicos   ha prolongado la agonía del mismo. Insiste en la  propuesta de que Maduro debe abandonar el poder antes de que se cumpla su periodo presidencial, pero no ha construido una estrategia coherente que le permita ser contundente en su objetivo. El mayor ejemplo es que descuido las elecciones regionales, un importante escenario para acorralar al gobierno.  Además, su discurso radical aleja a sectores disidentes del chavismo que son determinantes para el desenlace final del régimen.

Estas dos posturas antagónicas, de enemigos a muerte, ha torpedeado una salida negociada a la grave situación económica y política de Venezuela, aunque una gruesa mayoría reclama la vía del diálogo o, en todo caso, un entendimiento entre los bandos en pugna. Lo que no sabe la oposición  radical que mientras más polarizada esté la situación eso beneficia más al gobierno, porque no sólo tiene el poder, los reales y las armas, sino porque busca victimizarse y le echa la culpa de sus males a un enemigo interno. Eso ha sido siempre la estrategia de los gobiernos incompetentes, distraer y distraer. Mientras tanto, el pueblo es el que sufre las calamidades de esa polarización y sigue inmerso en un letargo que lo condena de por vida.

Justo cuando el gobierno ha insistido en su obstinada Constituyente, la cual tiene pie de barro, y un sector radical de la oposición busca activar la rebelión civil, diversos actores políticos negocian tras bastidores. Y eso es lógico que ocurra porque la esencia de la praxis política es la negociación bien entendida. No se trate de un problema de ideología, menos de que alguien le caiga mal al otro. Es sencillamente, un proceso de ganar-ganar. Es colocar los intereses colectivos del país por encima de las apetencias mezquinas que suelen presentarse en el careo político. Por eso es comprensible algunos gestos que se han dado recientemente en la administración de justicia, así como el compromiso de disidentes chavistas con sectores democráticos de la oposición para buscar una tregua que ponga un alto al espiral de violencia política y se trabaje por un gobierno de transición o unidad nacional.

Desde nuestro punto de vista, nos anotamos por esta opción. Es la ruta menos amarga por la que tenemos que transitar los venezolanos. No significa que deba dejarse la calle, porque en todo proceso de negociación es perfectamente razonable que se disponga de la fuerza para concertar las reglas del juego. Lo peor es que la dirigencia política juegue al exterminio de los venezolanos, a una guerra fratricida que tengamos que lamentarnos más adelante. Ha llegado la hora de los operadores políticos y los estadistas. Hasta ahora los muertos lo están poniendo los estudiantes, no los partidos políticos. Se necesitan buenos negociadores, no fanáticos de pacotilla. La política es eso, el arte de negociar para resolver los problemas. De lo contrario, se estaría fomentando la guerra de todos contra todos, es decir, la aniquilación de la especie humana  En Venezuela cabemos todos y necesitamos construirla en base a un entendimiento.

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