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Las dimensiones del poder

ÁLVARO MONTENEGRO FORTIQUE

Las reflexiones del profesor británico Steven Lukes sobre cómo pensar sobre el poder y cómo estudiarlo, presentan una manera novedosa de ver el poder en una forma práctica. Tratando de comprender el poder, la mirada de Lukes nos permite analizarlo en una forma dimensional, que ayuda a desagregarlo desde tres perspectivas diferentes:

Unidimensional: Es el más clásico de los enfoques. Se resume en que el sujeto A tiene poder sobre B, en la medida que logra que B haga, lo que A quiere que haga. Esta perspectiva que expuso ampliamente Robert Dahl en su artículo sobre el concepto del poder, hace comprender el poder en su concepción primaria, pero hay que admitir que se puede llegar mucho más lejos en el análisis. El mayor peso en esta visión se dirige hacia el comportamiento, y este enfoque llamado “pluralista”, resulta insuficiente o de etiqueta “engañosa”, como la califica Lukes.

Bidimensional: Desde este ángulo el poder tiene dos caras, una cuando se ve reflejado en decisiones concretas, y la otra cuando se consigue la obediencia mediante amenazas. Lukes cita los estudios de Bacharach y Baratz para analizar esta bidimensionalidad del poder. Podríamos graficar las dos caras del poder, según este enfoque, en influencia y coerción.

Tridimensional: La novedad de este enfoque es que va más allá en el intento de explicar la complejidad del poder, situándolo sobre las decisiones concretas y del comportamiento de los individuos. La crítica al carácter conductista de las dos dimensiones del poder, se ve reflejada en esta tercera dimensión que explica el poder por medio de la influencia y la modelación de los individuos.

Lukes se pasea en la tridimensionalidad del poder por la reclasificación de los conflictos, y le agrega el elemento del conflicto latente. Pero además abre la posibilidad de la ausencia del conflicto en las relaciones de poder, contradiciendo así a los pluralistas. Recurriendo a Dahl, asoma que los políticos modelan las preferencias de los votantes y que pueden influir en sus necesidades verdaderas, de manera de eliminar conflictos observables. Según este enfoque, la tridimensionalidad explica porqué el poder ideal da como resultado que el sujeto desee realmente hacer, lo que el líder político quiere que haga.

En el poder subyacente, como lo define Lukes, vemos trazas de las tres dimensiones o enfoques, y además permite colocar en un plano práctico el análisis del poder y los medios. Tomemos como hace Lukes la definición de poder de Talcott Parsons, en el sentido de que es un mecanismo específico, que opera para producir cambios. Desde esa perspectiva la prensa, la televisión, la radio, el Twitter, Facebook, Instagram, redes sociales y cualquier otro medio que aparezca en el avenir, constituyen un poder claro y conciso. Lo que habría que definir en cada caso, es la especificidad de cada mecanismo. Este aspecto puede adquirir dimensiones fascinantes con el advenimiento de nuevas tecnologías, cada vez más impresionantes, con las cuales aparecerán seguramente nuevos medios de comunicación difíciles de imaginar hoy en día.

Hanna Arendt contribuye a este debate con su idea de que el poder es una aptitud humana, de actuar de manera concertada. Adicionalmente la investigadora, analizando la mentira y la violencia, asegura que el poder puede prescindir de toda justificación, pero que la legitimidad le es indispensable. Esto nos abre el camino para visualizar los medios de comunicación como mecanismos legitimadores del poder. Y con eso traemos al tapete de la discusión situaciones venezolanas actuales, en las cuales hemos visto cómo el poder político necesita de los medios de comunicación para legitimarse. Seguiremos investigando.

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