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¿Llegó el momento de dolarizar?

A comienzos de este año (16 de enero), el presidente Maduro anunció dos cosas importantes: que entraba en vigencia el nuevo cono monetario (que no termina de aparecer), y que el  2017 sería el año del “cambio del modelo económico” para impulsar la producción y la productividad”. Ninguna de las dos premisas se cumplieron. El 2017 terminará como uno de los peores años para la economía nacional, con una hiperinflación, con paralización completa de la producción y con el empobrecimiento generalizado de la población que ha visto como sus ingresos fueron pulverizados y sus utilidades se convirtieron en “sal y agua” con los precios de la temporada navideña. En ese entonces, muchos economistas, vale decir, en enero de este año, le aconsejaron al Presidente y sus asesores de las áreas económicas y financieras, que si deseaban frenar el deterioro salarial y el hambre en la calle, debía iniciar un proceso de dolarización del salario para que la gente pueda adquirir bienes y el dinero no sirva solo para medio comer. De lo contrario, se estaría exponiendo a la economía a un retroceso de hasta 50 años que terminaría de envilecer el trabajo de los venezolanos.  Y eso sucedió, el salario de los venezolanos a final de año ha quedado “envilecido” de tal forma que el billete de más alta denominación recientemente lanzada, 100 mil bolívares, no alcanza para comprar un pollo en el llamado mercado capitalista, que ante la falta de importación de proteínas en las redes públicas, mantiene medio abastecido al país y lo ha librado de una hambruna espantosa. Y es que el bolívar no aguanta más sino existe la voluntad política de cambiar un modelo empobrecedor del salario real de los venezolanos, que no ha podido detener ningún aumento salarial, así se decrete el incremento en forma mensual, porque los productos aumentan de precios diariamente en la misma proporción que sigue aumentando el dólar Today o guarimbero para el gobierno. El gobierno no tomó el consejo a principios de año, de desmontar el control cambiario y adoptar una unificación cambiaria, porque de lo contrario, el dólar de las casas de Cúcuta podría imponerse y generar un “proceso de hambruna” en Venezuela que alimentaría la hiperinflación. Y así sucedió. Ni las casas de cambio fronterizas, ni la canasta de monedas diversas, diferentes  al dólar, han podido frenar el espiral supra inflacionario que padece el bolsillo de los venezolanos. El gobierno tampoco atendió el consejo de eliminar el tipo de cambio a 10 bolívares por dólar, por donde se fugaron millones y se hicieron negocios “redondos” con el diferencial cambiario, presuntamente con las importaciones de alimentos de las bolsas y cajas del Clap mexicano. ¿Ante este panorama llegó la hora de dolarizar la economía en el 2018? Vale decir, hacer un nuevo proceso de reconversión monetaria situando el valor del bolívar a la par del dólar o ¿establecer un mecanismo de convivencia monetaria en el país de bolívares y dólares como lo hicieron Panamá y Ecuador? Al parecer, dada la crisis económica que atraviesa Venezuela producto de una mala gestión financiera, algunos expertos en el área aseguran que se debe cambiar el modelo y algunos hasta advierten que se tendría que pasar por un proceso de dolarización. Algunos economistas precisan que para el 2018, se debe impulsar un referéndum monetario que permita al pueblo votar si está de acuerdo o no con dolarizar toda la economía nacional para poder recuperar la capacidad de compra, sobre todo en bienes muebles e inmuebles que bajo el actual modelo es imposible. Lo cierto es, que la vida del Bolívar Fuerte fue efímera, apenas 9 años tambaleándose hasta que la inflación lo derrotó. El 2017 fue el año de la debacle del bolívar, y es que el nuevo cono monetario nació debilitado con una inflación que pasa de 1000% con respecto al año pasado. Por ello, desde hace un tiempo para acá, un sector de los expertos financieros, vienen sugiriendo crear una nueva moneda que se sitúe a la par del dólar: el Bolívar de Oro. Es decir, por cada bolívar un dólar; revaluar en vez de devaluar. Con la acuñación de la nueva moneda, el gobierno conservaría el acto soberano de emitir dinero, pero un valor oficial de un dólar norteamericano por cada bolívar de oro. Sin embargo, la emisión de una nueva moneda, implicaría un gran sacrificio para la revolución, pues su circulación no podría coexistir con un control de cambio, dándosele  un giro de 180° a la política monetaria centralizada y estatista,  pues la banca privada recuperaría la libertad de vender y comprar divisas a los particulares, bajo una cotización oficial de un bolívar oro por cada dólar americano. Este cambio de modelo monetario, crearía una disyuntiva entre los gurúes revolucionarios, pues, entrarían a deshojar la margarita de lo que más le convendría al proceso, por un lado, fortalecer la moneda nacional y devolverle el poder de compra al pueblo, o por el otro, seguir con un absoluto control cambiario que permita continuar con el sometimiento del sector privado de la economía por el temor de que los grupos oligopolios vuelvan a hacerse fuerte en el mercado interno, lo que incide en la pérdida del poder político. Una tesis que al parecer sigue prevaleciendo, a pesar de que los sufrimientos populares aconsejan todo lo contrario…

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