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En silencio siguen los linchamientos…

Decía el filosofo alemán Friedrich Nietzsche que “…el que lucha con monstruos debe tener cuidado de no convertirse en uno”. Y es que en Venezuela en los meses pasados se desató un odio visceral entre los venezolanos, que condujo a la quema de personas bajo la desvalorización de la vida humana sólo por razones políticas. En Venezuela nunca había sucedido eso, menos aún que gente “normal”, persiguiera, desnudara, amarrara de un poste a una persona y allí mismo lo flagelara hasta causarle la muerte. Una muestra de que la descomposición social está llegando a fronteras insospechadas y peligrosas. Pero terminaron las protestas, gracias  Dios, el ángel de la muerte cesó de actuar en público bajo la luz del sol para seguir segando vidas de jóvenes inocentes que equivocados o no luchaban por lo que creían, como se libran todas las cruzadas idealistas desde la historia de la humanidad, el hombre lucha por sus convicciones y principios, inclusive por su fe religiosa. Pero mientras esa pesadilla terminaba, otra sigue apareciendo bajo el amparo de las tinieblas, que no se está reflejando en las estadísticas oficiales, quizás para no “echarle más leña al fuego” de una sociedad que por tantos eventos desafortunados está a punto de quemarse. El linchamiento de personas por cometer un delito, aunque sea menor, es un hecho alarmante que viene sucediendo en el país desde hace algunos años por los altos índices de criminalidad, por el fracaso de más de 23 planes de seguridad y por el cansancio de los ciudadanos ante los niveles de impunidad que deja la justicia penal. Según Marco Ponce, coordinador general del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social “el fenómeno está tomando incluso una nueva forma, en la que ahora participan nuevos actores, como las mujeres”; pero también han comenzado a participar de ellos niños y adolescentes, estudiantes universitarios, profesionales, personas de la clase media, adultos mayores, entre otros. El experto asevera que durante el año 2017, la tipología clásica del linchamiento, vale decir, “linchar” a un azote de barrios por parte de las comunidades cansadas de denunciarlos ante las autoridades y no obtener oportuna respuesta, de verlos una y otra vez en las calles sin que se haga justicia por sus fechorías, optando por tomar la justicia en sus propias manos, ha cambiado, pues el perfil de las víctimas, este tipo de “castigo” ya no está reservado sólo para aquellos que han cometido un delito grave, al contrario, se dirige cada vez más hacia los delitos menores, por ejemplo, algunos de los linchados califican como “delincuentes amateurs”, es decir, que salieron a robar por primera vez y encontraron la muerte por manos de comunidades enardecidas. Asimismo, se ha hecho frecuente el linchamiento por venganza personal, el linchamiento producto de “confusiones” y estereotipos, e incluso por razones políticas. Así lo ponen en evidencia los casos de linchamiento perpetrados durante 2017 de los cuales 6,25% tuvieron como motivación la venganza personal, 6,25% por secuestro o extorsión, 18,7% por abuso sexual, 6,25% por homicidio, 50% por robo y 12,5% por motivos políticos. Del total de víctimas el 31,2% fueron quemados vivos en lo que va de año. Pero a esa cifra se añaden, las que no se reflejan en las estadísticas criminales, como linchados a golpes, con armas blancas o de fuego, y los delincuentes que son linchados en las comunidades. Hoy en el país se sigue recurriendo en silencio a la aplicación de la llamada ley de Lynch, vale decir, sin fórmula de juicio, castigar y hasta matar a un ser humano, en una reminiscencia de la llamada Ley del Talión, donde el castigo aplicado era proporcional al daño causado. La carencia de justicia, la impunidad y la libre acción hamponil, viene alentando peligrosamente en silencio, sin ruido, ni estruendos, que muchas comunidades se organicen no sólo en forma preventiva contra el hampa común y organizada, sino que están dispuestos ya a defender y pelear con sus propias manos para proteger a sus familias y bienes. Venezuela el año pasado terminó como el segundo país con más homicidios del mundo, con cifras de 25 mil personas fallecidas y una tasa de 83 muertes violentas por cada 100 mil habitantes. Aunque las autodefensas son ilegales, muchos expertos aseguran que sus formaciones hacen reaccionar a los gobiernos, inclusive, algunos expertos más osados, justifican su creación ante la falta de capacidad de las autoridades y la ausencia de un plan de trabajo claro de los gobiernos en materia de seguridad ciudadana y del combate férreo contra la delincuencia y la corrupción policial. Los linchamientos ya son un grito desesperado de alerta de la sociedad ante la putrefacción que la circunda. Es menester emprender acciones contundentes que permita la restauración de la paz, bien sea local, regional o nacionalmente, pues antropológicamente es bien sabido que cuando un grupo humano se siente amenazado por otro, buscará los medios legales o ilegales para defenderse de un yugo que la aplicación de la Ley y el Orden que debe imponer el gobierno,  ya no es capaz de quitarles del cuello…

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