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UDISTAS

Una propuesta modesta

Henrry Lezama*

Causa tristeza, cuando nos desplazamos por las calles de nuestras ciudades, ver seres mendigando, niños harapientos, perros y gatos importunando el paisaje al regar basura por todos lados, agravado ahora con los carroñeros. Sin embargo, el pauperismo de Venezuela ha sido una verdad inducida. Como todos los problemas que nos agobian, es el resultado de conspiraciones imperiales para invisibilizar la revolución. Pese a los esfuerzos de los hijos de Chávez, quienes aprendieron a fabricar verdades para el pueblo, sin tomar vacaciones (al menos en sitios donde algún fascista los pueda ridiculizar), los logros de la revolución continúan distorsionados por la derecha que, al parecer, trabaja 24 horas diseñando verdades cada vez más externas y objetivas.

Infiltrados fascistas desaparecieron toda la decoración navideña que este año prometía dejar en ridículo al mismísimo Times Square. En una operación sin precedentes, nuestros militares rescataron todas las luces, arbolitos, nacimientos y guirnaldas que cada venezolano –gracias a nuestra próspera economía– había derrochado en casas, plazas, comercios y oficinas públicas.

Sin embargo, toda la carne barata que el gobierno nacional tan diligentemente había encargado a la P de los CLAPs fue bachaqueada por Trump y Mendoza.

Un agravio adicional al pueblo ha sido la reciente campaña de afeamiento que busca arruinar las navidades, que habían sido adelantadas por decreto. Hemos visto desaparecer los camiones recolectores de basura, que con tanto esfuerzo fueron maquillados y exhibidos en el Monumento y nos prometían una ciudad más bonita que Doral. No conforme con esto, han sido importados perros, gatos y supuestos come-basuras, quienes, juzgando por su voracidad, tienen que ser el resultado de algún sico-experimento imperial diabólico.

Como los adornos ya están resguardados en los cuarteles, propongo una modesta solución al problema de la basura, la cual también resolverá el alimentario. Comer carne está contraindicado por los médicos y en vista de que ni los gatos, perros o come-basuras exhiben mucha, propongo, modestamente, la creación de la “industria ahumadora”. Considerando que entre gatos, perros y carroñeros hay unas diez piezas de proteína ahumada por cada basurero, y que hay un basurero en cada cuadra, podemos producir huesos ahumados hasta para exportar. Incluiríamos las mascotas y parientes que estén pasando trabajo en sus casas, víctimas de los costos de alimentación y cuidados.

Algunas culturas milenarias, superiores a la nuestra, tienen siglos degustando exquisitos platillos preparados con la materia prima que a nosotros ahora nos sobra. Reconceptualizando nuestro potencial, y materializando la soberanía alimentaria, sin arriesgar nuestras inversiones en propaganda electoral, habremos ganado otra batalla. Pero la guerra debe continuar, porque, como dicen por ahí, una cosa ve el burro y otra el que lo va arreando.

*Prof. Dpto. Idiomas Modernos, UDO-Sucre

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