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¿Estamos en hiperinflación…?

En un trabajo hecho por el economista José Toro Hardy, denominado “Inflación: conceptos básicos”, publicado en el año 1993, preconizaba que si Venezuela seguía importando sin producir, e imprimiendo billetes sin respaldo de divisas, bienes u oro, podrían desencadenarse un proceso inflacionario que de no detener a tiempo llegaría al último estadio de la peor enfermedad de las economías: la hiperinflación. El experto enseña que la inflación es un fenómeno tan antiguo, que se remonta a la aparición del dinero como medio de intercambio. De hecho, las únicas sociedades inmunes al riesgo inflacionario serían aquellas en las cuales el intercambio de mercancías se realizase solamente a través del trueque. Ello se debe a que en esencia, la inflación es un fenómeno monetario, tal como lo ha expresado el teórico y premio nobel Milton Friedman, añadiendo que la causa próxima de la inflación es siempre y en todas partes la misma: “un incremento demasiado rápido de la cantidad de dinero en circulación con respecto a la producción”. ¿Es eso lo que ha pasado en Venezuela?, los economistas aseguran que sí, porque en el modelo económico del socialismo del siglo XXI, se ha estimulado el crecimiento del dinero circulante sin haber una consecuente relación con la producción de bienes y servicios. Toro Hardy señala que “…a lo largo de la historia existen infinidades de ejemplos que ponen de manifiesto el daño que puede experimentar una sociedad como consecuencia del problema de padecer una espiral inflacionario. En las economías modernas, el fenómeno puede llegar a adquirir tal relevancia, que al referirse a la inflación Lenin llegó a afirmar: “La mejor forma de destruir la civilización occidental, sin disparar un solo tiro, es desquiciar su moneda”. Comúnmente la gente cree que existe inflación por el mero hecho de que los precios sean altos. Esto último, por sí solo, no constituye una prueba de que ella exista. Conviene pues comenzar para definir el fenómeno. Al respecto, el profesor argentino de la UCV, Carlos Sabino, precisa el término en su “Diccionario de Economía y Finanzas”. La inflación consiste en un aumento general del nivel de precios que obedece a la pérdida de valor del dinero. Las causas concretas e inmediatas de la inflación son diversas, pero en esencia, se produce inflación cuando la oferta monetaria crece más que la oferta de bienes y servicios, vale decir, hay muchos billetes circulando dentro del circuito económico, pero no existen muchas cosas que comprar. Sin embargo, siendo la inflación comparada con un cáncer, va expandiéndose en el cuerpo económico de una nación por etapas o estadium. Comienza con una célula maligna, llamada inflación moderada, y nace cuando las tasas anuales de inflación son inferiores a un dígito mensual, este primer diagnóstico no es preocupante, pero se le debe prestar atención. Si se desatendió la inflación moderada, se produce la segunda fase: la inflación galopante, y ocurre cuando las tasas de inflación mensuales alcanzan niveles de dos dígitos, donde los precios comienzan a dolarizarse, los bienes a acapararse y la moneda a devaluarse lenta, pero sistemáticamente.  Por último, de no aplicarse las medidas macroeconómicas correctas, como bajar el gasto público, incrementar la producción, fortalecer el signo monetario y aplicar libertades cambiarias, la metástasis al cuerpo nacional llegaría con la hiperinflación, que es el último estadio del mal. Ya la condición patológica ha adquirido un carácter terminal y las economías que la padecen sufren un proceso de desintegración, en tanto que la sociedad experimenta carencias de todo tipo, que desembocan en una descomposición de orden moral. Tanto el dinero como su velocidad de circulación crecen a un ritmo cada vez más elevado. El nivel general de los precios experimenta aumentos fenomenales y las tasas de inflación alcanzan cifras de cuatro y cinco dígitos mensuales. Los desequilibrios económicos van acompañados de una marcada inestabilidad política. Según el teórico Philip Cagan se considera que un país sufre de hiperinflación cuando la tasa de inflación mensual supera el 50 por ciento. Para Carmen Reinhart y Kenneth Rogot, se presenta hiperinflación en las economías modernas, cuando los niveles inflacionarios se sitúan en 500 por ciento anual. Para otros economistas, existe hiperinflación cuando los índices de inflación en una economía superan el 100% durante tres años consecutivos. Venezuela, según las proyecciones de los expertos, ya califica para las tres condiciones como una economía oficialmente sufriendo de hiperinflación.  De acuerdo con los investigadores de la Universidad Johns Hopkins, Steve Hanke y Nicholas Krus, la de Venezuela sería la hiperinflación número 57 documentada en el mundo. La segunda hiperinflación del siglo XXI, después de la Zimbabue entre 2007 y 2008. Además, es la segunda hiperinflación de un país de la OPEP, pero es la primera en un país de esta organización sin guerra civil. Por otra parte, es la primera hiperinflación en América Latina desde la sufrida por Perú en 1990. El promedio de duración de los 56 episodios previos hiperinflación en el mundo ha sido de 11 meses, pero de intenso sufrimiento de los pueblos. Sin embargo, los anales históricos han recogido un dato importante: la hiperinflación se ha llevado también a los gobernantes que la han provocado. El último ejemplo lo representó Robert Mugabe, que acaba de abandonar el poder en Zimbabue, pero deja un país bajo una crisis hiperinflacionaria gestada en una dictadura de 37 años…

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