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Diálogo con el dictador…

En Venezuela y el mundo vimos como caía un dictador luego de permanecer 37 años en el poder, pero a diferencias de otros líderes autoritarios, como Muammar Ghadafi o Saddam Hussein. Robert Mugabe el autócrata de Zimbabue, no era asesinado, ni enjuiciado por sus “golpistas”, por el contrario el hombre de 93 años, se retiró plácidamente a una estancia para morir en “paz” y traspasar el poder a Emmerson Mnangagwa, un compañero de luchas a quien apodan “El Cocodrilo”. El hoy presidente de esa nación africana, fue el hombre de confianza del presidente Mugabe por décadas. Al punto que fue vicepresidente de la república hasta el último minuto, luego de pasearse por los ministerios de Seguridad, Defensa, Justicia y Vivienda. Pero, también hizo para Mugabe muchos trabajos sucios, como las matanzas de Gukurahundi en los años 80, en donde se fusilaba en línea a los hombres y se violaba en masa a las mujeres. Uno de los mayores represores de la historia de Zimbabwe y quien además estuvo al frente de la Seguridad Nacional (el equivalente al Sebin) durante diez años, después fue el responsable de la cruzada contra los blancos en la reforma agraria y quien más persiguió y dividió a la oposición siendo Multi-Ministro. Ese es el hombre que hoy tiene el poder en aquel país asolado por el hambre y la desesperanza. Sin embargo, el pueblo salió a celebrar, había caído el tirano y llegado “una luz en las tinieblas de una nación que al igual que el color de piel de sus habitantes se las ha visto “bien negras”. Y es que los medios nos vendieron la salida de Mugabe como un golpe, como una revuelta popular que desalojó del poder al déspota, con la intervención del Congreso y los militares. Pero luego de los días, y calmadas las aguas, las cosas parecen estar más claras, y del golpe seco se ha pasado al diálogo con el dictador. A criterio de muchos analistas, los acontecimientos de Zimbabue, llevándolos a nuestra historia política reciente, se parecen mucho a la sucesión de los Castro, o más bien como cuando Juan Vicente Gómez aprovechó la ausencia de su compadre, Cipriano Castro, para quedarse con el “coroto”. Y es que la sucesión y la separación del cargo de Mugabe ya estaba planteada por su avanzada edad, pero el sucesor elegido por el nonagenario autócrata no era precisamente el que hoy lleva la banda presidencial, sino que tendría que ceder la silla a la primera dama, Grace Mugabe. Por lo que Emmerson Mnangagwa, al enterarse que lo dejarían por fuera se volteó y la fuerza militar lo siguió, liderada por  Constantino Chiwenga el “Ministro de Defensa” que lleva en el cargo quince años en alianza con Emmerson Mnangagwa, además de  “jóvenes revolucionarios” y la gente del partido de Mugabe que no querían a su esposa como presidenta del país “ganadero” de áfrica. Vale decir, lo que era había sido una transición acordada por todos, se convirtió de súbito en un golpe, y luego en una negociación con el dictador Mugabe para aceptar irse tranquilo con salvoconducto incluido, sin juicio, sin entregar lo robado a su nación, sin percusiones a sus familiares, en fin liso, sólo con la condición de no tropezar el ascenso al poder de su lugarteniente que a sus espaldas le contralaba las fuerzas armadas. La oposición no tumbó a Mugabe, lo tumbaron desde adentro, su más cercano colaborador, su curruña, como decimos en criollo, el enemigo estaba dentro de su propia casa cumpliéndose la palabra del Maestro de Maestros Jesucristo. A Mugabe se le acusó de mantenerse en el poder a través de viciados procesos electorales. En años recientes se vio obligado a negociar con la oposición  al someter a su pueblo a una crisis humanitaria y económica sin precedentes. Cedió el control de la policía represiva a la oposición, se comprometió a aplicar medidas económicas, y a designar una Comisión Electoral “verdaderamente independiente” para unas nuevas elecciones. Pero no cumplió. Mugabe se quedó el poder y la oposición sin “arbitro independiente” fue barrida en las elecciones posteriores debido al alto índice de abstención, aumentada por la profunda decepción colectiva. Se utilizó la intimidación y chantaje en los “municipios” opositores con el fin de desestimular el voto, al punto de asesinar y golpear a los testigos de las mesas y a los encuestadores. Mugabe logró que la comunidad internacional que apoyaba fuertemente a la oposición y al MDC, se apartará del país, al  darse cuenta de la fragmentación producida por el diálogo y peor aún, que la oposición no estaba en condiciones de gobernar Zimbabue y comenzó a trazar un plan B y plantearon una transición, junto con China el principal aliado del régimen, dentro del propio partido de gobierno. En síntesis, la oposición jamás le tocó un pelo al dictador, ni perturbo su mandato, éste se los vaciló, el golpe le vino desde adentro y de quien menos lo pensó. ¿Será que por estos lados el problema de la oposición es el mismo que tenían los opositores en Zimbabue…?

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