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Dime que te cuento y te diré que aprendes

Padre Marcelo Rivas Sánchez.

Arrepentirse con credibilidad.

Signos: Signos: Juan el Bautista y la tierra

Cada domingo de Adviento tiene un mensaje para cada uno de nosotros. Por ejemplo, el pasado domingo, 3 diciembre, fuimos invitados  a estar vigilantes. Despiertos para que nada, ni nadie nos distraiga de la verdad de la Navidad. Ya que camarón que se duerme se lo lleva la corriente.

Ahora con la Biblia en la mano aclaramos. Apoyados en Marcos 1,1-8

  1. Juan el Bautista Hijo de los ancianos Isabel y Zacarías. Es decir familia de Jesús, recordemos que Isabel es prima de María. Juan predicaba en el desierto para que la gente se convirtiera y se bautizara y así quedaran perdonados. Vestía de piel de camello, con una correa de cuero y se alimentaba de saltamontes, aprendamos a comer en estos momentos de crisis. Pero decía en voz alta: Yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con Espíritu Santo. Juan el Bautista sin pelos en la lengua. Decía lo que pensaba y lo que hacía falta.
  2. Juan Predicaba el arrepentimiento con credibilidad porque antes amaba la Palabra de Dios que había escuchado en el corazón de su propio desierto. La palabra desierto significa un lugar desolado, poco poblado, y en su sentido más estricto, un terreno abandonado. Pero debemos decir en conclusión, que desierto lugar santo en el que es posible escuchar, experimentar, vivir en libertad la Palabra de Dios. Vamos al desierto para escuchar la palabra de Dios, de una manera desapegada y completamente libre. Allí predicó. En él no había doblez, pues su vida y su mensaje eran una sola cosa. Nosotros engañamos mucho, por eso decimos que nos arrepentimos y seguimos haciendo aquello que nos aleja de Dios. Juan veía con los ojos de Dios lo que sucedía en el presente.
  3. Lo que hay que preparar es lo que nos enseñaba Juan el bautista en referencia a encontrarnos con Jesús y que está cerca. Él ofreció a la gente de su época una experiencia de perdón y de salvación, sabiendo muy bien que no era el Mesías, el que podía salvar. Entonces, vino para enseñarnos que hay un camino que nos saca de las tinieblas, de la tristeza del mundo y de la condición humana, y este camino es el mismo Jesús. El Mesías viene para salvarnos de las fuerzas de las tinieblas y de la muerte, y nos lleva por el camino de la paz y de la reconciliación para que volvamos a encontrar nuestro camino hacia Dios.

Vamos a preparar: no una navidad de cosas, sino de encuentro con Jesús, que nace para todos. Aquel cursillista que rezaba y llegó su hijo llorando para decirle que jugando a la escondidas y se había escondido tan bien que el amigo se cansó de buscarlo y al no encontrarlo se marchó a su casa. El Papa le dijo: que ese amigo debió seguirle buscando. Y le enseñó lo siguiente: pero ahora ya sabes cómo se siente Dios. Dios también se escondió muy bien y los hombres han dejado de buscarle. Y Dios también está triste. Y no es justo.

Preparar es dejar el orgullo. Cada domingo no es un premio a los buenos, sino una llamada a los pecadores. Dejar el sentimentalismo creyendo que cada domingo Dios nos da morfina para mitigar mi dolor. Sino es que  viene, el que espero y cuya venida preparo hoy y siempre. Juan Bautista preparó la primera venida del Señor.

Todos llamados a “dar razón de nuestra esperanza” a los que han dejado de buscar a Dios, a los que sólo creen en la televisión, a los que sólo adoran el dinero, a los que sólo trabajan para el hoy porque no esperan a ningún salvador. Cuando al Cardenal Bernardin de Chicago le dijeron los médicos: Eminencia, tiene cáncer, le quedan seis meses de vida. Él dijo: Me pongo en las manos de Dios. La muerte no es mi enemiga, es mi amiga. Ahora hay que soltar personas y cosas para encontrar a mi amor, a mi Dios, al que he servido y esperado durante toda mi vida.

Por favor fulano lea la primera línea del evangelio: Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. La conversión es fruto de una profunda y sincera relación con Dios. Es la victoria de Jesús que nos trae la esperanza de la salvación.

Todo se reduce a preparar y arrepentirse. Con Juan Bautista termina el tiempo de los profetas y comienza el evangelio de Jesús.

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