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De Camino

Eleazar Bruzual

Las utopías han estado de modas cada cierto tiempo; la más grande y trascendente, la marxista, murió con el fracaso soviético como posible realizador del comunismo; y en occidente la versión democrática de los gobiernos gringos, ofrecidos como posibles modelos a los pueblos en desarrollo, no son más que mentiras. Nadie puede ni podrá arreglar los problemas del hombre, salvo Dios. “Él cambia los tiempos y los momentos, quita reyes y los pone, da sabiduría a los sabios y ciencia a los entendidos”. Este domingo son las elecciones para concejales y alcaldes, hecho importante pero sin Cristo; los interesados se mueven sobre una muchedumbre mundana, llena de adulterios, fornicación, idolatría, hechicerías e ignorancia, tratando de lograr el favor de las masas. Es posible hacer reflexiones sobre el fracaso de las utopías; quedó grande, y queda, proponer sociedades sin clases, paraísos para proletarios; y el “a cada quien según sus necesidades”. No sólo fue en Rusia donde el desarrollo no dio en la práctica con la teoría, sino que ningún gobierno socialista en el mundo evolucionó hacia el comunismo, e igualmente el capitalismo no evoluciona espontáneamente hacia la etapa superior, el imperialismo, según la ley del desarrollo de las sociedades de  Carlos Marx. El hombre en su pequeñez no vislumbra el tamaño de la vanidad donde se mueve; ambos sistemas, capitalista y socialista, no están en capacidad de entender que militan en el mismo bando espiritual, el de los desheredados de la gracia, y mal que bien gobiernan con el mismo resultado: la imposibilidad de arreglar los problemas habituales del género humano. Lo recomendable es manejar las cosas del hombre sin perder la comunicación con Dios. Para conducir a un pueblo puede el Señor poner un gobernante bueno o malo; si bueno para bendición; si malo para juicio; pudiendo tratarse de un capitalista, de un socialista o cualquiera que represente otro modelo de producir. “Venid pues, discutamos juntos, dice Jehová” (Is.1:18) En última instancia todo depende de Dios; pero en la tierra, condenada, es el maligno quien conturba las naciones; y una y otra utopía, hijas del mismo padre, se confrontan sólo para el provecho propio. Si has puesto tu fe en el Señor, no tienes que preocuparte por las necesidades de la vida; porque el Señor ha asumido la responsabilidad de tu alimento, vestido, y lo que haga falta. Refiriéndose a estas necesidades, la palabra de Dios dice (Mat 6:25-26): “Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, que habéis de comer o que habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, que habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

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