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Política criminal y seguridad ciudadana

Irbinacosta 2@hotmail.com

Para abordar el tema sobre Política Criminal y Seguridad Ciudadana es importante recordar el concepto de criminología como ciencia que tiene por objeto el estudio global del fenómeno criminal, el delincuente, la delincuencia y la Pena. Sin embargo, la Política Criminal debe ser definida como ciencia y arte por los fines que persigue en la lucha contra el fenómeno criminal y la eficaz utilización de los medios para alcanzar la justicia social a través de un conjunto de medidas para enfrentar la criminalidad mediante la prevención, represión con el objetivo de buscar soluciones a los conflictos así como todas aquellas acciones humanas consideradas violentas o nocivas que entorpecen el desarrollo armónico de una sociedad.

Es de suma importancia resaltar que el control social junto a la Política Criminal se presenta bajo dos aspectos: En primer lugar como disciplina o método de observación frente al fenómeno criminal y en segundo lugar fomentar toda estrategia de lucha contra la delincuencia. Ello implica que la política criminal sea vista por algunos autores como disciplina que no solo está encaminada a describir la reacción social contra la delincuencia sino también a determinar los lineamientos que se deben seguir para lograr una mejor eficacia en su control y prevención. En el artículo 55 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV) de 1999 se consagra por primera vez la seguridad ciudadana, entendida en sentido amplio como la protección de los derechos, libertades y garantías constitucionales, ello implica que  al menos conceptualmente la superación del tradicional modelo de seguridad basado en el orden público estampado durante largo tiempo en el país, que garantizaba sobre todo el normal funcionamiento de las instituciones del Estado, protegía de manera distorsionada  el orden económico y político, incluso por encima de los derechos y garantías civiles.

Ahora  bien. ¿Qué ha pasado en Venezuela con la Seguridad Ciudadana y las Políticas Públicas? En el marco constitucional y la consecuente regulación de aspectos sociales, políticos y civiles entre otros, implica la ampliación del campo de acción del Estado. Esto envuelve importantes transformaciones en las distintas áreas de acción del Poder Público Nacional y en la estructura del Estado venezolano en general. En tal sentido, el proceso de reforma implica la redefinición de un sistema tendente a garantizar la seguridad personal de los ciudadanos. En este mismo orden de ideas  las políticas públicas juegan un papel fundamental, no sólo del sector público, sino del Gobierno Nacional en particular, por considerarse como una unidad estratégica del sistema político (Bouza-Brey, 1996) y como un instrumento para la realización de las políticas públicas (Lahera, 2002).

De manera constructiva debo señalar que una de las políticas que ha venido desarrollando el Ejecutivo Nacional en materia de prevención y sanción de la acción delictiva no han llenado las expectativas esperadas por los ciudadanos. Hasta ahora se han implementado más de veinte planes de seguridad ciudadana y no han logrado sus objetivos. Por cuestiones de espacio comencemos con el Plan Nacional de Seguridad Ciudadana  y su intención de pacificación de las cárceles. En el mismo orden de ideas  el llamado Plan desarme en el año 1999, propuesta orientadas hacia militarización de las calles por cuanto se estaba arrastrando  con una cifra de criminalidad 4.550 homicidios para el año 1998. Dieciocho (18) delitos  por cada 100.000 habitantes.

Es importante recordar que para el mes de Julio del año 2000; se implementó el Plan Bratton en la Alcaldía Metropolitana presentado por Alfredo Peña Alcalde Metropolitano. Realmente la intención no era mala en el intento por modernizar a la Policía Metropolitana, organismo que más adelante fue absorbido por la actual Policía Nacional Bolivariana. Dicho Plan  consistía en aplicar las estrategias  que William J. Bratton instrumentó en el cargo de jefe de policía de Nueva York entre el año de 1994-1996 para bajar los índices de criminalidad. El Alcalde de ese entonces se oponía rotundamente a la militarización de la seguridad ciudadana. “Plomo al hampa”. Para el año 2001 se intentó implementar el Plan Estratégico de Prevención de la Violencia, pero para ello era necesario realizar  una política integral reduciendo  las desigualdades sociales y por otro lado la necesidad de  incrementar  fuentes de trabajo. Lo alarmante es que al cierre de ese mismo año se cometieron más de 12.000 homicidios  en manos del hampa y para colmo aumentó la tasa de desempleo  en 15%.

El Plan Confianza acompañado en año 2001 con la reforma del Código Orgánico Procesal Penal, se permitió entre otras cosas, beneficios penitenciarios a más de 10 mil reclusos. Por causa que quizás tenga relación con las prebendas carcelarias la cifra fue de 32 homicidios por 100 mil habitantes. Continuando en la lucha desenfrenada contra el hampa en Junio del 2002 nació el Plan Nacional de Control de Armas que sólo sirvió para desarmar al ciudadano  que contaba con un arma de fuego para proteger su vida y la de  su familia. El delincuente continua armado en las calles y  hasta ahora no se ha logró la paz y mucho menos  la convivencia y la seguridad ciudadana. En el año 2013 luego de la reforma del C.O.P.P,  la Asamblea Nacional  aprobó la nueva Ley para el Control de Armas y Municiones. Para Septiembre del 2014 se formalizó el quinto  Plan Nacional de Desarme para el control y entrega de armas ilegales para su posterior destrucción. Para concluir debe resaltar que ninguno de estos Planes para la seguridad del ciudadano ha dado  resultados efectivos, Venezuela es el segundo País más peligroso del mundo tal vez por la  crisis económica y Política  El Observatorio Venezolano de Violencia  calculó que en el año 2016 ocurrieron  28.479 “muertes violentas”; es decir, una tasa de 91,8 homicidios por cada 100.000 habitantes aunque parezca inverosímil la tasa de homicidios en Estados Unidos es  menos de cinco por cada 100.000 habitantes. Lo cierto es que el delincuente sigue delinquiendo, las armas están en manos de quien delinque y los ciudadanos siguen inseguros y temerosos a salir a la calle. Esa es nuestra triste realidad.

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