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Dime, Castillo

No hay más excusa

Jesús Alberto Castillo

Las elecciones a alcaldes culminaron en un ambiente de claro ventajismo oficial que se reflejaron en sus resultados. A esto se suma el llamado a abstencionismo de una parte de la oposición que aún no ha comprendido que no bastan los deseos, sino la fuerza necesaria y el apoyo popular para lograr los objetivos propuestos. A pesar de estas adversidades, sectores distintos a los partidos hegemónicos de la MUD dieron muestra de cultura democrática y no abandonaron los espacios.  Con ello reivindicaron el voto como la herramienta más expedita que posee el ciudadano para apostar al cambio en un sociedad.

Lo cierto es que el oficialismo ganó a fuerza de realzo, miedo y violentando las propias normas del CNE. Un ejemplo evidente fue en Marigüitar, donde el candidato a alcalde del PSUV cerró su campaña el pasado viernes 9 de diciembre, fuera del cronograma anunciado por el ente comicial. Hicimos la protesta por escrito ante el Director regional del CNE y no pasó nada. El gobernador de Sucre, con bombos y platillos, anunció muchas promesas que debe cumplir no sólo en el municipio Bolívar sino en toda la entidad federal. Pero quedó evidenciado que si la oposición completa hubiese participado habría ganado muchísimas alcaldías.

Culminado el proceso, el oficialismo no tiene más pretexto para gobernar. Tiene el control de todos los poderes públicos en todos los niveles, excepto el parlamento nacional, para tomar políticas públicas orientadas a favorecer las condiciones de vida de la gente. No tiene excusa para seguir vociferando que hay un complot interno a su gestión. Mientras tanto, la oposición debe replegarse y cumplir con cabalidad su rol en la Asamblea Nacional, es decir, legislar para coadyuvar a la gobernabilidad del país, pero ejercer el control de la administración pública para atacar la corrupción que se ha incrementado desmedidamente en casi 20 años de gestión chavista.

Desde el punto de vista político, la oposición debe centrar su esfuerzo en buscar un candidato o candidata que represente un liderazgo que cautive, mueva emociones y tenga un proyecto de país creíble e inclusivo. No tenemos la menor duda que, a pesar de este triunfo electoral, estamos presenciando el fin de un proyecto político. El modelo hasta ahora hegemónico se agotó porque no puede dar respuesta a los venezolanos por la crisis económica latente. Es una oportunidad que se visualiza y debe ser aprovechada por la oposición que hoy luce desorientada y desunida. Debe reagruparse con un liderazgo que reivindique la civilidad política, el progreso social y la confianza económica. Esta realidad está emergiendo más rápido de lo que suponemos.

Mientras tanto, el oficialismo no tiene más excusa que dedicarse a gobernar de verdad. No a manipular a los venezolanos ni someterlos al miedo o a esporádicos operativos de comida, como una especie de laboratorio político al estilo Plavov. El país no está para consolidar autómatas, sino gente emprendedora que valore el esfuerzo individual para superarse. Es la Venezuela que anhelamos, sin distingos políticos. Con hombres y mujeres que apuesten al futuro promisorio de las nuevas generaciones.

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