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Dime que te cuento y te diré que aprendes

Padre Marcelo Rivas Sánchez.

¡Dios mío! Llegó Diciembre…

En la noche de la vida,

seremos juzgados en función del amor”

San Juan de la Cruz.

Al llegar diciembre tendremos que decir como aquel narrador deportivo: Y mañana… Todo porque comenzamos a preguntarnos: la ropa por estrenar, las hallacas, el brindis, los regalos, la pintura de la casa, lo que hay que pagar con “aquellos aguinaldos” y miles de cosas. Todo porque este tiempo se nos ha quedado en una materialidad que nos lleva al borde de nuestra desesperación.

Es muy lamentable que hayamos encerrado, este hermoso tiempo de espera y de encuentro con el Señor Jesús que viene a salvarnos, en lago que nos aplasta y nos produce una angustia terrible. Ya no son días de paz y de encuentro familiar, sino de “donde me meto para esconderme”. “Caramba debían de borrar del almanaque este mes” Todo porque lo hemos convertido en un escaparate que tenía cosas que ofrecer y ahora está vacío.

Dios nos sale al encuentro para abrirnos caminos. Y nos señala la forma como llamó a los pastores. Eran hombres que vivían a las afueras cuidando ovejas. Hablamos de 10 a 20 ovejas. Lucas 2,8 Un Ángel del Señor se les presentó y la gloria de Dios los rodeó de resplandor… No teman, que hoy en la ciudad de David les ha nacido un Salvador. Hallarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. Allí no hubo nada de ofrecimientos materiales o delicadeces. Y será que por eso, de devolvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían visto y oído.

Hay que abrirse a la misericordia de Dios. Permitir a Jesús que nos salga al encuentro. Para ellos vayamos al confesionario e intentando ser misericordiosos con los demás. Porque parece mentira, pero es la pura verdad. Cuando uno se limpia, se sana por dentro hay otra mirada. Una mirada que todo lo siente, lo calma para contemplar la verdad. Y al ver la verdad reconocemos que hay otros mucho más, peor mucho más con problemas y situaciones duras y más difíciles que las nuestras.

Ahí están las obras de la Misericordia siempre actuales y que nos salen en todo camino. Las Corporales: dar de comer al hambriento; dar de beber al sediento; vestir al desnudo; dar alojamiento a los peregrinos; visitar a los enfermos; visitar a los presos y enterrar a los muertos. Las obras de misericordia Espirituales: aconsejar a los que dudan; enseñar a los ignorantes; advertir a los pecadores; consolar a los afligidos; perdonar las ofensas; soportar pacientemente a las personas molestas y rezar por los vivos y por los muertos.

Si nosotros, nos detenemos, no para simplemente darnos un consuelo, sino para detallar todas las situaciones nos sentiremos ricos, es decir, bendecidos por Dios. Porque si cada uno, sin excepción, acoge, recibe, abraza al marginado que tiene ese cuerpo herido está dando lugar a vivir una cristianismo de corazón y se aleja de una diciembre-Navidad de compromisos materiales y de angustias permanentes.

Aquí hablo de que la misericordia es divina. Viene de Dios y es la forma natural de actuar Dios, pero cuando nos fijamos en el otro y la otra como hermanos aparece la compasión. Entonces la traducción de compasión sería sufrir con… No podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento ajeno. Si observamos a Jesús encontraremos que la gente lo seguía (Marcos 6,34) O al igual delante de la viuda de Naím. Al verla le vino a Jesús una gran compasión: mujer no llores (Marcos 7,13).

Por eso, en este diciembre no mires el pasado de ricos festines o mesas repletas de comida, sino mira al rededor y observa a unos, muchos que nada tienen y nunca lo han tenido. Y desde ahí, podremos reconstruir una Navidad diferente y más cristiana.

A todos Feliz Navidad.

Que Jesús les abrace y bendiga por siempre.

www.diosbendice.org                     @padrerivas

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