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Francia celebra encuentro de fuerza militar conjunta para Norte de África

La iniciativa G5 Sahel, lanzada a principios de año, aspira a formar una fuerza de 5.000 soldados, compuesta por militares de los cinco países implicados, de aquí a mediados de 2018

La Celle-Saint-Cloud, Francia.-  Dirigentes europeos y africanos se reunieron este miércoles en Francia para acelerar la puesta en marcha de la nueva fuerza conjunta G5 Sahel, cuyo objetivo es garantizar la seguridad de esa región desértica del norte de África, escenario de ataques de grupos yihadistas. El presidente francés Emmanuel Macron convocó ese encuentro tras recordar recientemente que los yihadistas habían logrado victorias militares y simbólicas en el Sahel en los últimos meses.

Macron invitó a sus homólogos del G5 Sahel, el maliense Ibrahim Boubakar Keita, el nigerino Mahamadou Issoufou, el burkinés Roch Marc Christian Kaboré, el chadiano Idriss Déby y el mauritano Mohamed Uld Abdelaziz- al castillo de la Celle-Saint-Cloud, cerca de París. También asisten al encuentro los socios de la fuerza común, como la Organización de las Naciones Unidos (ONU), la Unión Africana, la Unión Europea, la canciller alemana Angela Merkel y los jefes de gobierno italiano, Paolo Gentiloni, y belga, Charles Michel, informó AFP.

Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos participan asimismo en la reunión, cuyo objetivo es “aumentar la movilización para el G5 Sahel en los ámbitos militar, político y financiero”, explicó la presidencia francesa.

La iniciativa G5 Sahel, lanzada a principios de año, aspira a formar una fuerza de 5.000 soldados, compuesta por militares de los cinco países implicados, de aquí a mediados de 2018. Esa alianza ya tiene un cuartel general en la ciudad maliense de Sevare, y llevó a cabo una primera operación en la zona de las tres fronteras entre Malí, Níger y Burkina Faso. Su objetivo es reconquistar y garantizar la seguridad de las zonas donde los grupos extremistas realizan acciones sorpresivas antes de esfumarse en el inmenso desierto del Sahel, una región tan extensa como Europa.

Los yihadistas apenas son unos centenares, entre 500 y 800, según diversas estimaciones, pero conservan la capacidad de debilitar a Estados muy frágiles. La mayoría de los combatientes extremistas fueron expulsados por la intervención militar internacional lanzada en enero de 2013 a iniciativa de Francia, pero cobraron un nuevo impulso en el norte de Mali, a pesar de la presencia de 12.000 cascos azules y de la fuerza francesa Barkhane, que cuenta con 4.000 soldados en la región.

Los yihadistas multiplicaron los ataques contra esas tropas extranjeras y el ejército maliense, y en 2017 extendieron sus acciones hasta el centro y el sur de Malí, en la frontera con Níger y Burkina Faso, que son a menudo escenario de sus atentados. La lucha contra los grupos extremistas sufre además las consecuencias de los fallos del proceso de paz en Malí, que no logra reconciliar a las distintas partes del sur y el norte del país.

El G5 Sahel tiene asimismo un problema de orden económico, ya que los países que lo conforman están entre los más pobres del mundo y no pueden, por tanto, movilizar los €250 millones (más de $290 millones) necesarios para la fuerza conjunta.

La Unión Europea (UE) prometió €50 millones, Francia, €8 millones, cada uno de los cinco países fundadores, €10 millones, y Arabia Saudita debería confirmar una contribución de $100 millones. Estados Unidos prometió, por su parte, una ayuda bilateral global de $60 millones, para los cinco países del G5 Sahel.

Respeto al derecho internacional humanitario 

Por otra parte, la ONG Human Right Watch (HRW) exigió desde Nairobi, a la fuerza militar G5-Sahel, que lucha contra los grupos armados islamistas en la región africana del Sahel, que respete el derecho internacional humanitario en sus operaciones.

En un comunicado desde Banjul, capital de Gambia, HRW instó también a los gobiernos que apoyan a la fuerza G-5, Francia, Alemania, la Unión Europea, Unión Africana, Estados Unidos y Arabia Saudí,  a mejorar la gobernanza y el Estado de derecho en la región.

“Dado que la fuerza del G5-Sahel se enfrenta a la creciente presencia de grupos armados islamistas en Mali y en otras partes del Sahel, deberá respetar escrupulosamente los derechos en sus operaciones y garantizar investigaciones prontas e imparciales de presuntos abusos cometidos por su personal”, exigió la directora asociada de HRW para África, Corinne Dufka. “No hacerlo aumentará el apoyo local para los grupos armados y profundizará la creciente crisis de seguridad”, alertó Dufka.

La organización pide así a la nueva fuerza G-5, formada por las fuerzas militares de Malí, Mauritania, Burkina Faso, Níger y Chad, que no repita los graves abusos cometidos por algunas fuerzas de seguridad que participaron en la fuerza multinacional anterior.

HRW exigió la necesidad de que todas las fuerzas armadas, minimicen el daño a los civiles y garanticen el trato humano a los presos, de conformidad con el derecho internacional humanitario.

La fuerza del Sahel, que comenzó la fase inicial de sus operaciones el pasado noviembre, se centra ahora en asegurar las fronteras de Mali, donde a lo largo de este año los grupos armados aumentaron sus ataques contra las fuerzas gubernamentales y las fuerzas de paz de la ONU.

Desde 2015, víctimas de abusos y testigos en la región dijeron a HRW que los combatientes islamistas ejecutaron al menos a 50 presuntos informadores, incluidos jefes de aldea y funcionarios locales; se cerraron escuelas, se obligó a las mujeres a cubrirse, se reclutaron a niños y se reprimió a quienes ejercieron sus prácticas culturales, prohibidas por los islamistas.

Sin embargo, muchos aldeanos dijeron que acogían con beneplácito la presencia de los grupos islamistas en el centro de Malí, que ven como una alternativa a un Estado que asocian con un Gobierno depredador y abusivo, destacó la ONG.

Sahel-G5, con sede en Sévaré (Mali), contará con 5.000 soldados de siete batallones y coordinará operaciones con 4.000 soldados franceses que operan a nivel regional y con la Misión de Naciones Unidas en Mali (Minusma).

La situación en Mali es inestable desde el golpe de Estado de 2012, cuando grupos tuareg rebeldes, junto a organizaciones yihadistas, se hicieron con el control del norte del país durante diez meses.

Los yihadistas fueron teóricamente expulsados gracias a una intervención internacional encabezada por Francia en enero de 2013, pero extensas zonas del país siguen escapando al control del Estado, de lo que se aprovechan grupos terroristas que perpetran ataques contra las fuerzas malienses y efectivos de la Minusma.

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