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La corrupción en Venezuela: Dónde comenzó todo…

Decía Simón Bolívar: “Mi único tesoro es mi reputación… mi gloria se ha fundado sobre el deber y el bien…El modo de gobernar bien es el de emplear hombres honrados aunque sean enemigos”. Sin embargo, en las cinco repúblicas que ha tenido esta nación ningún presidente le ha atendido el consejo bolivariano, pues se han rodeado de acólitos y aduladores para saquear las arcas públicas sin el temor de tener sobre los lomos el ojo escrutador del hombre decente prototipo del ideal que nos legó El Libertador. Los historiadores afirman que Venezuela ha sido un país de gobernantes corruptos desde su nacimiento como república. Y quizás para muchos esta aseveración luce exagerada. Otros por el contrario que conocen y saben la realidad venezolana, de todos y cada uno de los gobiernos que hemos tenido en la era moderna, no lo juzguen de esa manera porque saben que la corrupción, este flagelo tan difícil de combatir, desde la génesis republicana se ha solapado bajo el amiguismo, el compadrazgo y la solidaridad partidista, moviéndose como pez libre en los mares del capitalismo de otrora y del socialismo de ahora. La corrupción en Venezuela, comenzó aún sin conformarse la primera república, cuando los funcionarios españoles, eran sobornados por los blancos criollos de entonces, para conseguir todo tipo de permisos sin la venia de la corona, ni el conocimiento de los Reyes Católicos. Allí surgió el germen que carcome y sigue carcomiendo a la sociedad venezolana. Los españoles que nos descubrieron junto con Colón, eran una sarta de villanos, estafadores y pillos, que el reino quería deshacerse de ellos, los que nos colonizaron y gobernaron eran funcionarios corruptos, terratenientes latifundistas y ricos del nuevo mundo, que pusieron de moda, lo que en Venezuela se conoce con el nombre de “comisión”. La primera república o la fundación de la patria, nació infestada de este mortal virus, o por lo menos se infecto desde sus inicios, lo que nos demuestra que convivimos con un enemigo o “gran amigo” para muchos, que es de vieja data y que posee cual demonio el alma y el corazón de los hombres puros, nobles y respetuosos de Dios, convirtiéndolo en vulgares impíos. En 1825, específicamente el día primero de octubre, en pleno apogeo y vida de la también corrupta Gran Colombia, bajo el mando de Santander, el General Páez, el catire, o el Taita como solían llamarlo, le escribía una carta al Libertador alecciónado de la corrupción existente. En esa época, ya se vislumbraba el malestar existente en la Provincia de Venezuela, que cinco años después se separaba del estado gran nacional, a través de un movimiento denominado La Cosiata, que lideró precisamente el propio Páez., en la llamada insurrección de Valencia. En aquélla famosa epístola, Páez le recuerda a Bolívar lo siguiente: “Usted se abismará en ver a las personas que dirigen su país. Son de la especie que en cualquier otra parte en que hubiese moral pública ocuparía el lugar más inferior, y muchos de ellos ocuparían un presidio por sus crímenes; mas por desgracia no es así. Ellos manejan a su antojo las elecciones, señalan al primer magistrado de la República. Toman al instante un empleíto y otras mil cosas. Entonces, me parece que se puede asegurar que este país necesita otra cosa distinta de la presente que establezca el orden, le dé cabida consideración a los que la merecen e impongan silencio a los tramoyistas”. Sin embargo, el primer presidente de Venezuela, el llamado fundador de la patria, fue el primero en cometer una de las tantas caras con que se esconde la corrupción: El peculado. El lancero vencedor de “las queseras del medio”, había sido un valiente guerrero analfabeto, pobre y harapiento de la guerra de independencia. Un verdadero héroe honesto e integro. La entrada a la política lo transformo para siempre de un luchador de alta moral, en un político hábil y calculador, en un hombre ambicioso, con muchas ganas de amasar el poder que veía detentado en manos de otros. Como Jefe Supremo de la República, política, económica y militarmente independiente de la Gran Colombia y de su Congreso, comenzó a atesorar una de las más grandes fortunas de la época, sus trajes harapientos se transformaron en bellos uniformes de galas y elegantes trajes hechos a la medida. Comenzó a admirar el estilo de vida de los gringos y los europeos, y a apoderarse de cuanta tierra pudiera, convirtiéndolo en uno de los más grandes  latifundistas del naciente país. Su largo testamento constituye una prueba fidedigna que demuestra el indiscutible enriquecimiento ilícito del general Páez, obtenido durante sus funciones de Presiente de la primera república. Después de Páez, todos los sucesivos presidentes del siglo XIX se enriquecieron a costa del poder que abusivamente detentaban. Mientras en el siglo XX y en el XXI, la fiesta siguió entre amigos, hermanos, enchufados y camaradas que se vivieron y se tomaron a la democracia y también a la revolución…

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