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La flojera democrática

JONATHAN REVERÓN

No basta ser inteligente para conducirse con prudencia”

Crimen y castigo, Fedor Dostoiewski.

Mi centro de votación: vacío. Mi espíritu ciudadano: despierto. Las elecciones municipales y el nivel de eficiencia de los alcaldes electos serán clave para entender un tanto mejor eso de encontrarnos ante el fin de la ideología como gran caldo para echar hacia adelante una sociedad.

Los vencedores de la contienda, algunos triunfadores con mayor esfuerzo que otros, tienen en sus manos no solo una alcaldía sino un poder debelador, pues agotadas las excusas típicas del enfrentamiento entre bandos el poder absoluto se medirá contra la capacidad de resolver los problemas de las comunidades.

Un país de verdad. “Las revoluciones sociales son un resultado -por inesperado e inoportuno que sea- de la acción humana”, comienza así un libro de Norman Hampson sobre la Revolución francesa, un poco antes dice: “lo que surge se halla condicionado por lo que antes existía, pero no es una continuación directa”. La reflexión me persigue a donde sea que me encuentre en mi país. Me hace pensar en nuestra ridícula nostalgia de la modernidad, efímera y desprestigiada, esa que se nos fue de las manos como arena en el espejismo de nuestro propio Caribe.

Por eso cuando escucho la frase “cuando éramos un país de verdad”, entro en conflicto. Si no lo somos, ¿cuándo lo fuimos? Si no somos un país de verdad con su problemón a cuestas, ¿cuándo fuimos la punta de lanza del continente? ¿Cuándo había dinero? ¿Es eso lo que nos hace un país de verdad? ¿Es la bonanza sinónimo indiscutible de progreso?

El metro como purgatorio. Las entrañas de Caracas están en su metro. Símbolo de ese “país de verdad”. Mira que el viaje es largo y las uñas son cortas, aprovecha la promoción que voy de paso, grita el lunes 11 de diciembre, a todo gañote, un vendedor de bocadillos de plátano.

Falla técnica, ¿falla técnica?, falla de voluntad… y con tanta tecnología, se queja un anciano que baja con bastón las escaleras hacia el andén.

Usted tiene boca para pedir permiso, le reclama un señor a otro porque lo empujaron.

Mire, usted no ve que tengo un bebé recién nacido en los brazos, por eso es que pasan los accidentes, qué maldad tan grande, grita una mujer con su capullito en brazos.

Y los pedigüeños con su asombrosa narrativa. Mi favorito por creativo, es el del hombre que saluda a una conocida y es a quien casualmente le cuenta que viene de una farmacia donde finalmente encontró el medicamento que buscaba. Todo el diálogo del furtivo encuentro tiene buen volumen. Se despide de ella, para luego contarle lo mismo al resto de los viajantes. Porque necesitábamos de ese encuentro para creerle, para saber que ahora muchos medicamentos se consiguen pero llegaron por las nubes.

Predicciones de 2018. Habrá presidenciales y conoceremos el alcance de nuestra flojera democrática. Subirá el petróleo, porque es hora de que Trump termine de iniciar su guerra. Disfrutaremos del Mundial de Fútbol y nos inventaremos excusas para ausentarnos de los puestos de trabajo, ganará el país que un nuevo pulpo vaticine. Volverás a abrir El Quijote con la mejor de tus intenciones. Regresan la carne y el pollo, y aumenta el pasaje. La izquierda seguirá intentando quitarse de encima al fantasma del socialismo del siglo XXI. Seguirá habiendo un terrible desprecio por los buenos modales y una gran estima por el reguetonero de lírica sexual. Y finalmente la economía empezará a mejorar, tímidamente, pero sólo para aquel que entienda que una cosa es ser millonario y otra empresario.

elreveron@gmail.com

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