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Marcando El Rumbo…

TRISTEZA NAVIDEÑA

César Malavé

Hace varios años, una de las tradiciones de mayor arraigo en nuestro país era la celebración de la navidad, asociada a la festividad de la iglesia católica por el nacimiento del hijo de Dios.  Antes, de esta desgracia llamada revolución,  en los días cercanos a la navidad comenzaban los preparativos para la confección de comidas, dulces y bebidas especiales para la ocasión: hallacas, jamón planchado, pan de jamón, dulces de lechosa, cabello de ángel y ponches caseros. En el pasado la noche del 24 la mesa familiar era el punto de grata reunión. Hoy  la Navidad nos sorprende con el ánimo deshecho y apesadumbrado. Hoy Venezuela es un silencio, un rostro macilento en el que no se pueden hacer hallacas pensando nada más en alto costo de sus ingredientes. No hay dinero para comprar nada. Un mercado cuesta a los venezolanos un ojo de la cara por donde ya no salen lágrimas. Hoy es la Navidad más triste. Hay pocas luces, árboles y pesebres en los hogares de los venezolanos. Aún así, debemos situarnos todos del lado de la vida y que Dios tenga piedad para que esta desgracia, que nos agobia hoy llamada revolución, se termine para siempre, Por eso, a pesar de esta triste realidad, y de no poder contar en nuestras mesas con una multisápida hallaca, hay necesidad, junto al nacimiento del hijo de  Dios, entender que la Navidad es dar parte de nosotros mismos, es decir a Venezuela que cuenta con nosotros, es entregar un poco de felicidad, es lograr que otros tengan su modo de tener algo. Y es que la navidad abre cauce en el aire para un bello sueño, que nos hace apreciar lo palpable, abre ventanas anchas a la sonrisa.

La navidad nos invita al recuerdo y a la reflexión: la savia de los recuerdos, las capas del otoño humano. La navidad es época especial donde el cariño y la amistad son muchos más profundos. Donde el hogar paterno se adentra en el corazón, con tibieza de nido. La navidad es tiempo para la meditación la reflexión profunda sobre lo que hemos hecho, o nos queda por hacer.  De esta forma evaluamos el pasado y valoramos con justicia el presente. Comprendemos entonces que cuando se tiene la seguridad, serenidad y firmeza de una noble ejecutoria ha de esperarse, el merecido recuerdo imperecedero. Comprendamos que el egoísmo nos dispersa, nos sepulta la perversidad y nos eterniza la nobleza. La natividad del hijo de Dios es tiempo para olvidar los rencores que no engrandecen. Los sentimientos que nos atomizan y disocian. La Navidad es síntesis del paréntesis vital.  Estamos en el imperativo de romper con esos procedimientos que no redimen sino que esclavizan, que no hacen vivir, sino que asfixian, que tratan de detener, en el dique de la mezquindad interesada, las aguas frescas y libres de la historia y el progreso de los pueblos.  Por eso ahora más que nunca decir: feliz navidad! es decir que nuestros corazones hablan a la esperanza de una Venezuela auténticamente democrática, más humana, con prosperidad y desarrollo. Sobre la base de esta esperanza, que será realidad con nuestra lucha, con hallacas o sin ellas, Feliz navidad Venezuela!

@cesarmalave53

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