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ARAYA: MÁS ALLÁ DE LA SAL

Las navidades se fueron de Cumaná

Dr. Andrés Salazar

Los vientos fríos que llegaban al centro de la ciudad provenientes de cualquier lado de sus cuatro puntos cardinales. El espíritu jubiloso que desde mediados de noviembre se hacía presente en sus céntricas calles. Las flores y el follaje que desprendían sus hermosos árboles. La policromía con que se vestían las casas; y los conjuntos musicales que se venían formando con antelación a la fecha, anunciaban, con su universo mágico, el espíritu alegre y festivo de la entrada de la Navidad.

Qué felices y alegres se sentía la gente con sólo pronunciar la palabra Navidad; sin embargo, hoy hasta la propia palabra siente tristeza, porque apenas de ella queda un remedo para su celebración. Ya no bajan los aguinalderos de Caigüire, San Francisco y Cochabamba. Ya no tejen el sebucán las muchachas de la calle García y Rendón. Ya la burriquita de Atanasio Rodríguez (Chiguao) no sale de Buena Vista hasta la Plaza del Estudiante. Ya el pájaro guarandol que se bailaba en Puerto España, El Guapo y El Totumo, también emprendió su vuelo hacia parajes lejanos. Ya no está María Rodríguez, quien con su falda abigarrada y su sombrero adornado con cayenas y cintas multicolores y su cara repleta de coloretes, cantaba aguinaldos para alegrar al público del barrio La Trinidad. Y ya, mi querido y viejo amigo, Luis del Valle Hurtado, el hijo de Juan José Acuña y Luisa Hurtado, no ejecuta por la calle larga o Avenida Bermúdez, la Danza de “El Diablo de Cumaná”, y mucho menos frente a la Iglesia Santa Inés, donde lo hizo por muchos años cada 21 de enero, día de nuestra Patrona.

Aquellas mañanitas del Niño Jesús con sus misas de aguinaldos, de coros juveniles, de furruco y cuatro regadas con ron y anisado, se fueron. Los villancicos, bellos, de música angelical, fueron sustituidos por la gaita de duro ritmo, convertida de pronto en sonido aguinaldero. Todo ello ha sido una renovación, una imposición de los conjuntos modernos, tergiversadores de una añorada tradición decembrina. Los papelitos para intercambiar regalos y hacerse compadres es costumbre enterrada. Las carticas al Niño Jesús, cándidamente escritas por mentes inocentes, ya no se colocan debajo de la cama, o dentro de las alpargatas o zapatos, porque los niños ya saben más de la cuenta.

Hoy día la gente de Cumaná se pregunta! ¿Qué se hicieron los aguinalderos?! Quien sabe si desencantados por no encontrar a quien cantar, desaparecieron casi del todo, ya que aparecieron paradójicamente las grabaciones, donde se entronizó la modalidad de poner discos de aguinaldos con el “picot” transportado de casa en casa. Una manera más cómoda, más cónsona con el “confort” que la época exige. Nada de rasguear el cuatro soñador ni describir curvas veloces con las maracas, ni hacer que el furruco cante con su potente voz de bajo, ni que el charrasco forme su charanga entusiasta; todo se ha limitado a enchufar un cable, poner una aguja….¡y ya está!.

Ya ni entre amigos se envían las tarjetas de Navidad, siendo este detalle una de las máximas representaciones de cariño y afecto en tiempos decembrinos. Y la Iglesia impone las misas a las ocho de la noche, las cuales parecen más oficios de difuntos que misas de aguinaldos. No hay ese entusiasmo que se despertaba en la madrugada y que revestía solemnidad y fe. Hoy no existen Radio Sucre ni Radio Cumaná, emisoras que en sus programas parranderos anunciaban a quien le correspondía la misa de aguinaldo de esa madrugada.

Cuantos de nosotros no estará deseando revivir esta hermosa tradición, para volver a los aguinaldos, al nacimiento y al fervor y entusiasmo de la Navidad. Por ello, con mucha fe y esperanza quiero desearles a todos ustedes, a través de las páginas del Diario Región: Una Feliz Navidad, al lado de sus seres queridos.

anjosafron@hotmail.com       0414-7976531   0426-5960096

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