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¡Los comunistas lo advierten!

El Partido Comunista de Venezuela, ha encarado al gobierno del presidente Nicolás Maduro, alertándolo de que no se haga de oídos sordos ante la ola de protestas y saqueos que siguen produciéndose en el país desde comienzos de año por comida. En ese sentido, la tolda del “gallo rojo”, precisó que en el país hay “incertidumbre, desesperación e indignación” y exigió al Gobierno Nacional que actúe. Y es que el fantasma de El Caracazo, la revuelta popular del 27 de febrero de 1989, sigue en las cabezas de una parte del liderazgo político venezolano, y el Partido Comunista de Venezuela (PCV) no es la excepción. Los dirigentes comunistas advirtieron, que Venezuela “puede estar a las puertas de grandes estallidos sociales”. Perfecto Abreu, integrante del Comité Central (dirección nacional) del PCV, afirmó que hay “incertidumbre, desesperación e indignación” en la gran mayoría del pueblo venezolano ante “el agravamiento de la situación socioeconómica del país”. El Gobierno, señaló Abreu, debe “reaccionar en lo inmediato” y tomar “medidas efectivas” para resolver los problemas. La dirigencia comunista hizo un recuento de los que califica como los principales problemas del país, y citó –entre otros– la inflación, la especulación y el desabastecimiento. “Los altos precios llenan de indignación al venezolano”, alertó. También incluyeron el estado del transporte público, el deterioro del Metro de Caracas y del sistema Metrobús y las dificultades de la población para acceder a su dinero debido a la ausencia de efectivo. El PCV aclaró que, aún cuando no se opone a los aumentos salariales, sí critica que las bonificaciones sean superiores al sueldo de los trabajadores. “Bienvenidos” los bonos como los de Navidades o Reyes, “pero ahí no está la salida a los problemas”, indicó Abreu. Y en son de broma, dijo que posiblemente el Gobierno de Nicolás Maduro apruebe un bono del Rey Momo por los carnavales, o el bono Judas por la Semana Santa.

¿Un nuevo pacto de Punto Fijo?

Los comunistas también demandaron al Gobierno Nacional que dé a conocer el contenido de las negociaciones con una parte de la oposición que se desarrollan en República Dominicana, y que se reanudan hoy y mañana 12 de enero. En ese orden, apuntaron que podría tratarse de un nuevo “Pacto de Punto Fijo”, como el que rigió los destinos del país entre 1958 y 1998 por el acuerdo entre los partidos Acción Democrática, Copei y URD (aunque URD después se retiró). En cuanto a la candidatura presidencial, Perfecto Abreu reiteró que será la 14 conferencia nacional del partido la que decida a quién darán su apoyo.

Causas que motivaron el Caracazo.

A criterio de los historiadores, El “Caracazo”, fue una revuelta popular que tuvo lugar en el año 1.989. Las causas que lo determinaron tenían que ver con la aplicación de una receta de tendencia neoliberal, cuya punta de lanza fue precisamente el aumento de la gasolina. Se debe notar que “ni el gobierno, ni el parlamento, ni los partidos políticos, tomaron en cuenta el fenómeno en sus verdaderas magnitudes”. Hubo una especie de modus operandi por parte del establecimiento que consistió en hacer todo lo necesario por aplacar en el menor tiempo posible la revuelta popular. En todo ello el Estado venezolano, a través del ejecutivo, tuvo un rol primordial, pues el entonces presidente de turno Carlos Andrés Pérez desplegó un desproporcionado poder represivo – militar y policial – que dejó miles de muertos. No cabe duda que, contrariamente a cuanto suele pensarse, la fractura no se dio sólo a nivel del gobierno de la época, sino más bien y sobre todo en el Estado y la percepción que los venezolanos tenían del mismo. Todo comenzó por la aplicación del llamado “Paquete Económico” diseñado por el Fondo Monetario Internacional, donde se pretendía contener el endeudamiento en que había entrado la economía nacional producto de la caída de los precios del petróleo y la devaluación de la moneda que dejó el viernes negro (18 de febrero de 1983) que condujo a un espiral inflacionario que los gobiernos de Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi no pudieron frenar. Aunque la parte más difícil le tocó a Carlos Andrés Pérez, al pretender implementar severas medidas como el aumento de la gasolina, la liberación de precios, la eliminación del control de cambio, liberación de la tasa de interés activa y pasiva. En fin un paquete neoliberal que dejaba el control de la economía en manos del FMI a cambio de un auxilio financiero de unos 4500 millones de dólares en los 3 años siguientes. Ello, desató una ola de  fuertes protestas y disturbios que comenzó el día 27 de febrero y terminó el día 28 de febrero de 1989 en la ciudad de Caracas, e iniciados realmente en la ciudad de Guarenas. El nombre proviene de Caracas, la ciudad donde acontecieron parte de los hechos, recordando a otro hecho violento ocurrido en Colombia el 9 de abril de 1948; el Bogotazo. Para los historiadores, la masacre ocurrió el día 28 de febrero cuando fuerzas de seguridad de la Policía Metropolitana (PM), Fuerzas Armadas del Ejército y de la Guardia Nacional (GN) salieron a las calles a controlar la situación. Aunque las cifras oficiales reportan 300 muertos y más de un millar de heridos, algunos reportes extraoficiales hablan de 3500 personas fallecidas, luego de la activación del “Plan Ávila” que por orden presidencial le otorgó al ejército el control del país y la utilización de las armas de guerra para sofocar el “Sacudón”. Sin embargo, para otros conocedores del tema, lo que hizo estallar a las masas fue los altos niveles de pobreza que sufría el país, sobre todo en los sectores más pobres, por el deterioro progresivo de la calidad de vida, la insuficiencia del salario mínimo nacional y la incapacidad del gobierno para implementar un plan de asistencia social a la población más vulnerable sobre todo en alimentos y medicinas.

¿A las puertas de otro Caracazo?

Desde que comenzó el año el gobierno de Nicolás Maduro se ha enfrentado a una ola de protestas y descontento social porque la asistencia alimentaria del gobierno no está llegando a las comunidades con regularidad, ni contiene proteínas, como carne, pollo, atún o sardinas. Por ello, para muchos analistas como Rubén Hernández, las condiciones para que surja una revuelta popular en el país, aún de mayor magnitud que el Caracazo si están dadas.  En ese sentido, advierte que ayer y hoy los escenarios son parecidos, porque en la época de Carlos Andrés no había dinero para la “asistencia social” y en la época de Maduro tampoco, ello se evidencia en que la “gente cada vez con más frecuencia protesta por los Clap, por estar fallos o porque aumentaron de precios”. Asevera Hernández, que “…la disposición de alimentos subsidiados y regulados, mediante los famosos CLAP, es cada vez menor, y lo poco con lo que cuentan las masas es elaborado por el Plan nacional y foráneo, generando en este último caso un gasto público que pudiera evitarse con el estímulo a la pequeña y mediana empresa nacional. Para colmo en los CLAP reina la corrupción y la exclusión (comida sólo para un pequeño porcentaje de los más pobres y para algunos enchufados). Respecto a la salud pues hay que advertir que en numerosos hospitales y ambulatorios no hay insumos básicos, como guantes quirúrgicos y jeringas. En lo relativo a la educación, téngase en cuenta que mientras las autoridades sostienen que a nivel público es gratuita, resulta que a partir del preescolar se pide a los estudiantes ciertas “colaboraciones” (en realidad se les exige) en dinero y en insumos, incluso lo más elemental. Y en cuanto al trabajo, las condiciones laborales-salariales en Venezuela son cada vez peores: despidos injustificados, sobreexplotación por parte del Estado y de los patrones privados, atrasos en los pagos y recortes en ciertos beneficios”. Hernández afirma que Maduro se parece a Carlos Andrés Pérez, porque ambos “han aplicado medidas neoliberales a la economía”. “justamente eso es lo que ha estado haciendo la presidencia “socialista” de Maduro, con consecuencias terribles como la brutal liberación de precios (incluidos los de servicios públicos como agua y gas), la mega devaluación del bolívar, un gigantesco endeudamiento externo, la ocurrencia de recortes sociales-laborales, el arrodillamiento estatal ante el gran capital transnacional, entre otras, la quiebra y entrega de Pdvsa a chinos y rusos, y ahora la hipoteca de nuestros recurso naturales a través de una criptomoneda que dejará endeudado a los venezolanos para permitir al gobierno buscar recursos. Concluyendo Hernández que “…la posibilidad de que ocurra un nuevo “Caracazo” es bien alta, sólo que el pueblo no ha estallado masivamente (hay protestas pero no lo suficientemente masivas e intensas) por razones como las siguientes: a) El Gobierno de Maduro ha tenido la visión estratégica de ejecutar la mayor parte de la inversión social, con todo y la reducción presupuestaria, en el centro del poder, como es Caracas; b) la manipulación mediática ha sido permanente, en el sentido de que día y noche se bombardea al pueblo con la falsa propaganda de que si bien hay problemas económicos, no son tan graves, y que las autoridades “revolucionarias” trabajan duro para resolverlos, y así vencer la “Guerra Económica”; y c) la represión policial-militar a las masas ha desestimulado de alguna manera un gran levantamiento popular en toda Venezuela. El Gobierno nacional sabe de la difícil situación y de la ira progresiva del pueblo pobre, y por tanto ha desplegado un complejo sistema de vigilancia y control en el marco de la OLP (Operación de Liberación y Protección del Pueblo) y aumentado del gasto en el presupuesto para la compra de insumos que permitan mantener el orden interno y la paz social.

Con la revolución nunca habrá Caracazo.

A pesar de que muchos analistas insisten que todas las condiciones sociales y económicas que vive el país, pueden conducir a un nuevo estallido social. Dentro de la revolución los principales teóricos lo niegan. En ese contexto, el historiador Juan Romero, autor del artículo ¿Un nuevo Caracazo? Asegura que “…hay semejanzas preocupantes del ayer (1989) con el hoy (2015-2017). En cuanto a la caída de los ingresos petroleros y el impacto que tiene sobre la actividad pública. En cuanto a la dependencia de calorías y proteínas provenientes de la importación alimentaria. Hay sin duda una similitud, pues el precio del petróleo disminuyó, reduciendo la capacidad fiscal del Estado para realizar gestión pública, pero – y ahí radica la diferencia- en el hoy, la política del Estado ha insistido en la permanencia –con un gran esfuerzo fiscal- de las políticas sociales relativas al sector alimentario, salud, educación, trabajo, entre otros”. Añadiendo que la diferencia entre la movilidad social y la protesta es elevada en un escenario y otro, es que la del “El Caracazo” fue espontánea sin direccionalidad política, y la actual es conducida por los actores opositores que se encuentran detrás de la protesta (en términos de organización y movilización)”. Sin embargo, no son los partidos de derecha quienes advierten al gobierno sobre un inminente estallido social, sino sus propios aliados comunistas quienes sintiendo el pulso acelerado del corazón popular, piden al régimen oír al soberano antes de que este irreversiblemente se lance otra vez a la calle en busca de comida como sucedió en febrero de 1989.

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