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DIME CASTILLO

“Sin pan no hay paz”

Jesús Alberto Castillo

Esta frase se la escuchamos a Monseñor Diego Padrón, el pasado 27 de junio del 2017, cuando celebraba la Misa de Acción de Gracia en el Día Nacional del Periodista. El Presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana llamaba a la reflexión a los gobernantes a preocuparse por la calidad de vida de la gente para evitar toda explosión social. Han pasado varios meses desde esa homilía y hoy esas palabras cobran vigencia y retumban con gran fuerza en nuestra cabeza. No es cualquier cosa al juzgar por las incesantes colas humanas en los automercados en la búsqueda de los escasos alimentos.

El pueblo venezolano está pasando hambre pareja. Nuestros niños viven desnutridos y mucha gente se mantiene hurgando en las basuras para medio comer. Aunque el gobierno intente ocultar esta fatídica realidad, la hambruna hace estragos en todos los rincones y se convierte en una gran amenaza para la estabilidad socio-política del país. Las protestas y saqueos se han hecho sentir en los primeros días del 2018, lo que pudiera vaticinar consecuencias no favorables para Venezuela. Mientras tanto, el presidente Maduro hace alarde de un discurso donde todo marcha bien y “vivimos en el mar de la felicidad”. Rechaza la ayuda humanitaria y juega con el hambre de la gente.

En su magistral obra “La rebelión de las masas”, José Ortega y Gasset pone al desnudo que cuando un conglomerado pasa hambre se rebela contra sus propios benefactores, es decir, aquellos que le proporcionan comida. Es comprensible que las masas arrasen con todo, incluso panaderías y abastecimientos, en su desesperado intento por comer. Vista la cruda realidad venezolana, ya ni en los anaqueles hay alimentos que puedan ser devorados por la multitud. Lo cierto es que la situación empeora y no se ve una política económica clara para contrarrestarla. A la par, se ha desencadenado una inclemente especulación que ha enriquecido a inescrupulosos  a costa del hambre.

No quisiéramos imaginar el desenlace que ha propiciado la desacertada política económica del gobierno actual, pero indudablemente nadie lo desea para nuestro país. La paralización del aparato productivo, la hiperinflación,  la falta de liquidez monetaria y el hambre pareja tienen de patas arribas a los venezolanos, sean éstos chavistas u opositores. El mandatario nacional no ha querido reconocer la grave crisis nacional y sólo se limita a decir que es parte de la “guerra económica”, una estrategia inducida por los grupos de poder en complicidad con los sectores opositores. De verdad que causa vergüenza tener un presidente que no esté a la altura de las circunstancias.

Hasta ahora no se visualiza nada esperanzador, a menos que cambie el modelo político y esto sólo es posible con elecciones transparentes. La cuestión ya no es lo económico sino lo político, porque lo  primero está supeditado a la voluntad de los actores que tienen peso en las decisiones del Estado. Por ende, es responsabilidad de los líderes demócratas apostar al cambio político por la vía electoral, reforzando en la gente la importancia del voto, no como mercancía, sino como un derecho para transformar su destino. Ha llegado la hora de pensar en el país y promover un liderazgo que unifique a  los venezolanos. Un liderazgo exitoso, visionario y garante del bienestar colectivo. No un nuevo mesías que siga vendiendo ilusiones, mientras hace más pobre a la población.

Fortalecimiento Comunitario y Reconstrucción del Tejido Social

Consciente de su compromiso solidario, el Centro Gumilla, institución jesuita con 50 años dedicada a la investigación y acción popular, ha iniciado la inscripción de 2 cursos para líderes sociales del Municipio Bolívar. Estos cursos son “Fortalecimiento de la Organización Comunitaria (FOCO)” y “Reconstrucción del Tejido Social”. Los interesados pueden acudir al despacho parroquial Nuestra Señora del Rosario, Marigüitar, para participar en estas dos iniciativas, las cuales cuentan con el apoyo del padre Miguel Cordero, párroco de dicha parroquia que ha desarrollado una encomiable labor en pro de las comunidades, en el marco de la Doctrina Social de la Iglesia.

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