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Lenin se quitó la Correa…

Con el triunfo del SI en el referéndum consultivo de naturaleza vinculante que ayer votaron cerca de 9 millones de ecuatorianos, deja a Venezuela, como el único país de América Latina donde existe la posibilidad de que los funcionarios ejerzan el poder en forma vitalicia, bajo la figura de la reelección indefinida. Un concepto que para algunos constitucionalistas en contra natura para la democracia. Y es precisamente en la tierra de Bolívar, un hombre que contrariamente se había opuesto a la eternización de un gobernante en el poder, bajo uno de los pensamientos más preclaros de todos los tiempos, contenido en su discurso ante el Congreso de Angostura en 1815: «Sólo la Democracia garantiza la Libertad (…) Nada es tan peligroso como dejar permanecer por largo tiempo a un mismo ciudadano en el Poder, pues él se acostumbra a mandar y el pueblo se acostumbra a obedecer, de donde se origina la usurpación y la tiranía (…) Los ciudadanos deben temer con sobrada justicia que el mismo gobernante que los ha mandado mucho tiempo, los mande perpetuamente». De ese legado, se construyó el principio de alternancia en el poder, previsto en todas las constituciones republicanas, que ha tenido el país, con la salvedad de la vigente, que fue enmendada para permitir al presidente Chávez, postularse como candidato para el proceso electoral del 2012,  y con ello pretender mantenerse en el poder por siete años más, completando 20 de mandato, aunque el destino de todo hombre en la tierra de los vivientes que reza la Palabra de Dios, se lo impidió. Lo cierto es que Lenin Moreno, un hombre que antes fue aliado de Rafael Correa para construir la Revolución Ciudadana bajo la batuta del partido Alianza País, hoy da un giro que se manifiesta como un gran avance para la democracia occidental, y relega la figura de su antiguo compañero, que ansiaba presentarse en la próxima contienda presidencial para poner en funcionamiento la Constitución que antes de dejar el cargo se había trajeado a la medida.  Y es que en el tema de la reelección indefinida ha vaciado muchos tinteros y se ha llevado grandes titulares desde hace una década en los países suramericanos, y muchos presidentes de “derecha”  como Álvaro Uribe Veliz quisieron montarse en el tren que encendió Hugo Chávez desde Venezuela para llegar a la Patagonia. Pero el paisa no pasó la prueba de la reelección indefinida en Suramérica, en virtud de que el Tribunal Constitucional Colombiano, declaró la inconstitucionalidad, de la Ley del tercer mandato que éste perseguía. En el año 2014 el entonces secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA),  José Miguel Insulza, señalaba “que la democracia debe poner límite a la tendencia a las reelecciones sucesivas en América Latina”, en franca alusión al gobierno de Chávez y sus aspiraciones de permanecer en el poder “hasta que la mar se seque”. Para el diplomático, “la democracia, por la naturaleza humana, requiere límites, señalando además, “…que el continente afronta un problema de gobernabilidad democrática”, pero sin precisar ningún país.  En ese mismo orden, acotaba que esa tendencia de eternización en un cargo, ha deteriorado las instituciones constitucionales y los Poderes Públicos, entre ellas, la Presidencia”. Conteste con el pensamiento Bolivariano, Insulza agregaba que los pueblos de América deben comenzar a preocuparse por estos fenómenos de mandatos eternos o muy largos, pues es necesario para la salud democrática de un país, que el “poder se reparta entre los distintos actores políticos de una sociedad, para evitar la concentración del mismo en una sola tendencia”.  Al parecer, Lenin Moreno, el actual presidente ecuatoriano entendió eso y logró un resonante triunfo en las siete preguntas que consultó al pueblo, a pesar de que los analistas políticos piensan que ha dado un paso muy peligroso, en su afán de desaparecer del plano político del Ecuador a Rafael Correa. Sin embargo, Moreno ha dicho que no le interesa ser un Presidente recordado por los muchos años que gobernó, sino por los pocos que contribuyó a unir al país y elevar la calidad de vida de los ecuatorianos. Unas palabras que se parecen mucho al actuar de otro gran demócrata: Nelson Mandela. Quien en la primera elección democrática de su país, se convirtió en Presidente de Suráfrica, y le bastó un solo mandato (1994-1999) para reconciliar a blancos y negros. Pero lo más resaltante, fue que con todo el apoyo del pueblo, de los partidos políticos y de los actores sociales, dejó la Presidencia, dándole paso a otro gobernante para ser consecuente con su discurso y sus convicciones democráticas. En síntesis, el Ecuador hoy es percibido como un pueblo, cuyo gobierno deja en sus manos decidir su destino, la forma de gobierno que desean darse y mejor aún la forma de contrato social que desean rija sus vidas. Lenin realmente con su referéndum le ha dado poder al pueblo, muy al contrario, de lo que pasa en otras latitudes donde el poder dejó de fluir de abajo hacia arriba, sino todo lo contrario. Lenin Moreno se quitó la Correa…

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