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POLÍTICA Y CRIMINOLOGÍA  

Cuando  la ignorancia y el fanatismo se juntan se pierde el rumbo en el camino

Irbin Acosta

Basta con examinar a sangre fría las ideas de los políticos y lo que piensa el ciudadano común. Es sorprendente encontrar que, hasta en aquellas ideas que se consideran más esenciales, en demasiadas ocasiones no se hace un buen uso del  sentido común, es decir, de aquella parte del juicio que basta para conocer las verdades más simples, desechar los absurdos más llamativos y sorprenderse por las contradicciones más palpables. ¿Cómo es posible rescatar un país envuelto en la miseria absoluta, sumido  e infestado por fantasmas espantosos y un gobierno intransigente que insiste en  preservar  la ignorancia y enaltecer el fanatismo? Cuando  la ignorancia y el fanatismo se juntan se pierde  el rumbo en el camino.

La ignorancia y el fanatismo existen sólo para hacer a los hombres prisioneros de sus propias torpezas, renuncian a su libertad pensando que serán más felices. Aunque parezca un problema banal, la ignorancia es generador de los grandes problemas del mundo, no por el hecho de que las cosas se resuelven sabiendo la solución. Simón Bolívar no pudo resolver de un todo el problema de la ignorancia, sólo nos dejó el retumbar de un rayo de luz cuando afirmó que la revolución fue derrotada mientras moría pobre y abandonado, por la ignorancia de un pueblo que debía aclamarlo.” Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”

El discurso de Fidel Castro  citado por ‎Roberto Bonachea Entrialgo – 2008, vale la pena transcribirlo: “La  Democracia de los hambrientos, de los explotados, de los enfermos, ignorantes, de pueblos donde las mujeres tienen que prostituirse para vivir, donde los niños tienen que pedir limosnas, donde el juego y la droga se incrementan constantemente, donde surge un llamado gobierno demócrata representativo, que es como una estrella fugaz y no resuelve nada ni puede resolver ningún problema. Después vienen las dictaduras militares de derecha: asesinan, torturan”. Me pregunto: ¿Este  discurso no es la imagen exacta del espejo que refleja nuestra propia realidad?

La imaginación es una de las virtudes más valoradas del ser humano, sin embargo debo confesar que jamás me hubiera podido imaginar que un socialismo agarrado por las greñas convirtiera  a los ciudadanos en sordos, mudos y ciegos. Realmente produce un profundo dolor  despedir a nuestros hijos, nietos, verlos marcharse hacia lo desconocido. Con una mirada indiferente observamos a ciudadanos de todos los extractos sociales fugarse como si fueran reos condenados a la miseria por aire, tierra y mar. Realmente una verdadera tragedia. Millares de   profesionales  emigran por falta de condiciones mínimas  que puedan garantizarles desarrollarse en nuestro país; mientras otros pernotan en el letargo dominados por el efecto de una  entelequia con  la esperanza  de hacer realidad la promesa de un programa económico sustentable que sólo responde a decisiones irracionales por impulso, algo más que un simple drama.

Son centenares  de  profesionales de muy alto nivel académico a los cuales les permiten  una reubicación laboral en otros países. Los más afortunados ayudan a acrecentar la productividad en el área petrolera en países como Colombia, Perú, México y Brasil. La universidad de Texas tiene más de 300 profesionales venezolanos vinculados a la petroquímica.   Más del 51% del total de profesionales que emigran son especialistas, con postgrados, maestrías o doctorados. Esto representa una pérdida importante del capital intelectual.

Las causas están a flor de piel.  Violencia política, inseguridad ciudadana, polaridad política, ausencia de libertades, dificultad para el  acceso a productos básicos. El diagnóstico es que la emigración masiva  nos está dejando sin capital humano e intelectual, fundamental para que el país con un  cambio de gobierno pueda retornar de donde nunca hemos debido salir. Sin temor a equivocarme esta fuga de talentos  nos puede afectar durante los próximos 10 o 15 años el desarrollo del país.  Aproximadamente  más de un 96% de los venezolanos que emigran no está dispuesto a  regresar.  Enfrenta un duro proceso migratorio, nunca antes imaginado y nosotros no tenemos eso tipo de  ADN, lo estamos empezando a procesar. ¿Vale la pena emigrar? Muy buenos amigo incluso familiares me dicen que ha valido la pena. Tienen  empleo que les brinda estabilidad laboral y económica, pueden salir a la calle sin preocupaciones y si tienen  que comprar algún alimento salen  de su casa y lo consiguen  fácilmente en cualquier  supermercado.

Irbinacosta 2@hotmail.com

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